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Eloy M. Cebrián

Eloy M. Cebrián


Joaquín y Joaquín

25/11/2022

No sé cómo se las apaña Joaquín, exfutbolista reconvertido en humorista, presentador y showman multiuso, para asomar la gaita en todas partes al mismo tiempo, como si hubiera adquirido la potestad de la omnipresencia, que hasta ahora era solo patrimonio de Dios y de la cantante Rozalén. Basta con encender la televisión o mirar las redes sociales para que te aparezca el exfutbolista Joaquín anunciando su próximo programa o pretendiendo contarte un chiste. El otro día estaba escuchando el disco de Pink Floyd «Animals» cuando, entre corte y corte, se me coló Joaquín y me estropeó completamente la experiencia. «Hola, soy Joaquín», te suelta el exfutbolista después de un magistral solo de David Gilmour, y a uno solo le queda proferir alguna blasfemia y pagar el Spotify Premium, por mucho que un día me jurara que jamás pagaría por nada en internet. Eso o aislarse completamente del mundo mediático, cualquier cosa con tal de no tener que soportar esa epidemia que es la irrupción constante en la realidad del antaño futbolista gaditano (¡qué gracia tienen los jodidos gaditanos!). Otro que se está poniendo muy pesado es el excantante Joaquín Sabina, que incluso se ha hecho filmar un documental que pretende infligirnos en los cines, como si fuera un asesino en serie norteamericano, aunque de momento solo es sospechoso de haber liquidado a su examigo y músico Pancho Varona, dicho sea esto de forma metafórica. Parece mentira que ambos Joaquines, tan españoles como son, muestren tal desconocimiento de la idiosincrasia nacional, pues no hay nada que irrite más a la peña que ver al mismo sujeto repetido en los medios una y otra vez. Como nos contaban en clase de Química, cuando una solución se satura, mal asunto. Si eso ocurre, más le valdría al acosador mediático esfumarse durante una buena temporada, porque en este país nos hemos vuelto muy tolerantes, pero jamás perdonamos a un pesado.