Paco Mora


La honradez de la cerradura

18/07/2020

Nos quejamos de que nuestra clase política no está a la altura de las circunstancias. Es cierto que entre sus filas no se vislumbran ningún Disraeli, Churchill o Adenauer, ni siquiera un Felipe González o un Adolfo Suárez, un Carrillo, un Anguita o un Fraga. Pero deberíamos mirarnos al espejo de la realidad y comenzar a calibrar si se merece un pueblo como nosotros. Si Pedro Sánchez en vez de animarnos y darnos esperanzas de que entre todos venceríamos al Covid-19 nos hubiera dicho, como el premier inglés de la Segunda Guerra Mundial a los británicos, que solo podía prometernos «sangre, sudor y lágrimas», lo habríamos echado a la hoguera. El comportamiento de buena parte del pueblo español, ante la pandemia del Covid-19, está demostrando que cada país tiene los gobernantes que se merece. 
Buena parte de este pueblo nuestro está evidenciando que en la única honradez que cree es en la de la cerradura. Se levantó el confinamiento, que fue de una evidente eficacia para evitar el contagio masivo, y dio tiempo a que los sanitarios españoles se familiarizaran con el virus y aprendieran a frenarlo y en muchas ocasiones a vencerlo, pero ha bastado que el Gobierno bajara la guardia para que resurgieran las aglomeraciones, y el vive como quieras, en un totum-revolutum que ha provocado repuntes de la epidemia en buena parte de la geografía del país. Alguien dijo alguna vez que, para que los españoles cumpliéramos con las normas de convivencia establecidas, habría que colocarnos al lado a cada uno un policía y a pocos metros un juez. Y hay mucha verdad en tal exageración.
Una vez más hay que darle la razón a Amadeo de Saboya, que triste y aburrido abandonó nuestro país diciendo: «Me marcho porque los españoles son ingobernables».