CARTA DEL DIRECTOR

Francisco J. Martínez


Vicente Mompó

02/08/2020

La realidad actual de Albacete no se entendería sin él. Así de simple y tan complejo. Es el vivo ejemplo de lo que debe ser y cómo debe actuar la sociedad civil. Y como él mismo dice, «mi única pasión es Albacete». Y así sigue tras más de 80 años de vida. Es Vicente Mompó, empresario joyero y alma mater de la Fundación Campollano; no en vano él fue uno de los precursores del polígono industrial más importante de la región en pleno desarrollismo del siglo XX. En estos momentos de incertidumbre y ya retirado de su negocio, sigue empecinado en sacar a su Albacete del conformismo en el que se instaló en los últimos años. En esta semana, desde la Fundación Campollano impulsó un decálogo de medidas para afrontar la recesión que ya tenemos encima. Podría haber bajado los brazos, sabedor de que ya le quedan pocos años de trayectoria vital, pero él sigue empecinado en luchar contra las adversidades que el destino nos pone por delante. Aquellos que lo conocen saben que no sabe hacer otra cosa y que no dudará en exprimir la situación hasta lograrlo y, lo que es más importante, sin pedir nada a cambio, simplemente por el placer de ver prosperar a su entorno.
El decálogo de la Fundación Campollano contiene alguna medida que pudiera parecer obvia, pero que, con el paso de los años, las instituciones, tanto públicas como privadas, parecen haber olvidado. Ojalá hubiera más Vicentes Mompó en este Albacete que empezó a languidecer hace décadas, porque seguro que el Hospital General Universitario no se hubiera deteriorado tanto o la autovía A-32 a Linares ya estaría en funcionamiento desde hace años.
Algún día, la sociedad albacetense tendría que reconocer lo que Vicente Mompó hizo por la ciudad y por varias generaciones de sus habitantes.



Las más vistas