Elena Serrallé


No crezcas, es una trampa

16/09/2020

«Que tengo nueve años, que no tengo 26», así de resuelta y contundente fue la respuesta de Luna Fulgencio en El hormiguero cuando Pablo Motos se interesaba por si tenía novio. La niña forma parte del reparto de las últimas dos pelis de Santiago Segura Padre no hay más que uno. Aplaudo a Luna, la aplaudo con ganas.
No estamos legitimados para escandalizarnos de que con 15 años los niños hagan botellón si a la edad de nueve, incluso mucho antes, les estamos preguntando con ese horroroso soniquete en nuestra voz si tienen novia. No, no podemos rasgarnos las vestiduras cuando vemos las caras de niñas en plena pubertad maquilladas como puertas y asesinando su lozanía bella, si muchos años antes hemos celebrado su primer lustro de vida acudiendo a un salón de belleza para que les hagan las uñas. 
Qué manía con hacerlos mayores, qué estúpida e insensata manía. Qué afán por dinamitar sus ricos mundos infantiles. Qué barbaridad más atroz la de oscurecer sus días de inocencia pura. Dejemos de boicotear sus universos de colores suaves y olor a Nenuco. Respetemos los tiempos por favor, no les empujemos a quemar etapas de manera tan precipitada porque el daño es irreparable y el tiempo avisa siempre con no volver.
Son niños y como tales hemos de tratar con ellos, eso no significa que subestimemos su inteligencia o solvencia mental, pero permitamos que sueñen, que investiguen, que jueguen, que exploren. No encorsetemos sus divertidas vidas en aburridos moldes de adultos.