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Francisco J. Martínez

CARTA DEL DIRECTOR

Francisco J. Martínez


Epifanio Vizcaíno

20/11/2022

Abrazado a la camiseta con el dorsal uno se transportó a 80 años atrás, cuando con apenas 12 años y junto al hijo del utillero Américo Castillo transportaba en un carro muy rudimentario las camisetas del equipo para que unos familiares las lavaran y estuvieran listas para el siguiente partido.
Abrazado a la camiseta, las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas nonagenarias, surgidas desde lo más profundo de su ser y seguro que por su cabeza pasaron triunfos, ascensos, sinsabores, descensos y un sinfin de anécdotas que forman parte de su vida más íntima.
Abrazado a la camiseta, y con lágrimas ya humedeciendo la prenda, recibió la ovación más cerrada, extensa y sentida de la noche. Hoy, aquel niño que se tuvo que alejar del equipo de su vida para aprender una profesión y labrarse un futuro es el socio número uno del Albacete Balompié y desde el pasado martes es una institución en el club manchego.
Su historia, humilde, es una más de las miles que hicieron que el Albacete Balompié sea un club con una identidad propia y una de las masas sociales más importantes de la ciudad, de la provincia e, incluso, de la región. Es tan singular que hasta un enfermo de las estadísticas y de la historia del deporte en la provincia, como es Francisco Villaescusa, ha confeccionado una verdadera enciclopedia, De blanco a blanco. La investigación rigurosa de este fanático deportivo llegó a tal punto que reescribe la historia del club y cambia su nacimiento, que no fue en 1940, tal y como se creía, sino que fue en 1939, cuando el equipo ya jugó algún partido.
De casi todo lo recogido en esa enciclopedia fue testigo Epifanio Vizcaíno que la noche de la presentación logró eclipsar a jugadores, entrenadores y presidentes de renombre... un simple ayudante del utillero. Esa es la verdadera grandeza del Albacete Balompié.

ARCHIVADO EN: Albacete balompié