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Miguel Romero

CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


El Santo Grial

06/09/2021

Uno que sigue investigando sin descanso, como es mi caso, nunca llegas a tener claro muchas cosas que la historia ha dejado como incógnitas para así diversificar la mente del ser humano.
Y la verdad es que todo ello nos condiciona a la hora de recrear nuestro espíritu, sobre todo, cuando quieres seguir siendo fiel a la historia, esa misma ciencia que nos ha hecho -por lo menos a mí- deudores constantes de su contenido, amantes de su evolución y seguidores acérrimos de cada etapa, hecho, resultado o acontecimiento.
Por eso, a los que profesionalmente hemos intentado hacer didáctica para los demás, procurando ser lo más objetivos posibles, sin adornos ni retorcidas conclusiones, cuando nos llega la pregunta, o le duda ante un texto, o la posibilidad de divagar ante constantes desconocidas o raras, sigues estando ahí, sin claridad de ideas, sin capacidad de reacción para hacer de la respuesta, una posible causalidad de éstas y otras casualidades.
Y no viene mal eso de leer noticias, aprender de comentarios o atender deseos; y en esto nos encontramos, cuando alguien quiere volver a retomar eso del Santo Grial, un misterio que ahonda cada vez más en raíces de la espiritualidad o del que, siendo creyente, no sabe cómo encontrar respuestas al credo que sigue.
Dicen, y lo dicen periodistas -claro ahora hay muchos, tal vez, demasiados- que el cáliz de la última cena de Jesucristo o al menos, el que los expertos -aunque no sé bien qué expertos-  consideran como el que tiene más posibilidades de serlo entre todos los existentes, se encuentra expuesto en la catedral de Valencia. Allí, custodiado en la capital del Turia desde el año 1437 en un lugar casi secreto y que fuese después llevado a la propia catedral en el año 1916 para ser expuesto en su Aula Capitular.
Según la tradición -y ya sabéis que hay muchas tradiciones- la copa sería llevada desde Jerusalén a Roma por San Pedro y después utilizada por él durante el tiempo de vida. Luego, con Sixto II de Papa, en el año 258 después de Cristo, pidió a su diácono San Lorenzo que lo llevara allí para su protección de la persecución que el emperador romano Valeriano había iniciado contra los cristianos.
San Lorenzo, que era español, sería el que llevaría el Santo Grial -es decir, el último cáliz o copa utilizado en la Santa Cena- a España donde residían sus padres. Después de pasar por varios monasterios como uno de Huesca y otro en Zaragoza y sería el rey Alfonso el Magnánimo el que decidiese trasladarlo a Valencia, primero a su palacio y luego, desde ese 1437, a la catedral. Y así de claro queda.
Pues bien, ese cáliz tan bien diseñado, ornamentado y bien presentado, fue el utilizado por Jesucristo y sus apóstoles, ¿lo dudo? porque no creo que su estatus económico se lo permitiera, pues más bien sería un cuenco sencillo, o una copa sin más.
Y luego, rizando el rizo, sabemos que Alfonso VIII vino a Cuenca con templarios y santiaguistas, y entre ellos, gente que habían conocido los Santos Lugares, y deciden que el escudo de esta ciudad castellana lleve un cuenco, por eso de Cuenca, o que tenga una estrella, o que su ángel sonriente esté en el Triforio catedralicio, así con ese cuenco en mano, y debajo se abra una puerta del coro, escaleras abajo te conduzcan a ¿un lugar misterioso? y allí, queda la duda...
Bueno, el Santo Grial seguirá dando mucho que hablar para escritores, novelistas, cineastas, lunáticos y cuerdos, historiadores y amantes de la historia, alumnos universitarios y sencillos fieles, pueblos y pueblos.