Juan José Morcillo


La razón de la sinrazón

17/02/2021

En ocasiones, los diarios oficiales de una Comunidad Autónoma y el BOE nos ofrecen párrafos que, alejados del lenguaje administrativo formal, directo y sin ambigüedades, penetran por imbricadas trochas cuyas líneas nos sumergen en un dédalo de confusión del que es muy difícil salir. Imagínense el lío en el que se vieron los valencianos cuando leyeron este párrafo del Decreto 2/2021, de 24 de enero, del DOGV, por el que se limita la permanencia de grupos de personas en espacios públicos y privados: «Las personas que viven solas, que podrán formar parte de otra única unidad de convivencia formando una unidad de convivencia ampliada. Cada unidad de convivencia ampliada solo podrá integrar a una única persona que viva sola. Y la persona que viva sola podrá formar parte exclusivamente de una unidad de convivencia ampliada durante todo el periodo de vigencia de la medida». Y tanto esfuerzo para ordenar que aquellos que vivan solos podrán cohabitar con una unidad familiar que viva en otro hogar. O así lo he entendido yo.
Estos diarios oficiales se van pareciendo cada vez más a esas novelas de caballería con cuya lectura el Caballero de la Triste Figura perdió el juicio procurando desenredar el nudo gordiano de fragmentos como estos: «La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura»; «Los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza...». Ni el mismo Aristóteles, escribió Cervantes, habría sido capaz de entender el sentido -si lo tuviera- de estos requiebros amorosos habituales en el ámbito epistolar del siglo XVI.
No. Un Diario Oficial no es patio para trabalenguas. No es ámbito para la ambigüedad ni para el oscurantismo lingüístico. Ya hablamos sobre algo parecido cuando el BOE recurrió al lenguaje literario y a las figuras retóricas al decretar luto oficial en todo el Estado por las víctimas del coronavirus. Las disposiciones oficiales han de redactarse con exactitud y claridad. Y no hay más.



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