Elena Serrallé


Desintegrando átomos

17/02/2021

Llevo mucho tiempo trabajando en un reto. Hace años que me propuse no juzgar el comportamiento de nadie. Quizá por mi profesión estoy acostumbrada a escuchar muchas historias personales contadas desde la más absoluta necesidad de ser contadas. Pronto empecé a percibir que mis clientes detectaban si yo juzgaba sus vidas o simplemente me limitaba a escuchar sin estar subida a ese pedestal imaginario que otorga un bien o un mal. Creo que ese propósito ya lo he conseguido y hoy por hoy vuelco mi energía en el siguiente escalón, un nivel más difícil, el de no prejuzgar.
Decía Albert Einstein que es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. Es verdad. Etiquetamos a personas que realmente no conocemos. Lo hacemos basándonos en datos tan científicos como su forma de vestir, de maquillarse, de caminar, su manera de hablar. Dibujamos mentalmente cómo es alguien fijándonos sólo en el coche que conduce o el apellido que acompaña a su nombre. Así funcionamos. No profundizamos, no abrimos la mochila que cada uno porta.
No concedemos oportunidades. Sentenciamos sin piedad y sin ser conscientes de que los prejuicios se alimentan de nuestra más atrevida ignorancia. Pecamos de ir por la vida decidiendo quién nos agrada o quién no sin ni siquiera haber mantenido una conversación con el blanco de nuestra crítica. Qué comportamiento más triste y vacío.
Y en esas ando, aprendiendo mucho de mis hijos que, como todos los niños, se relacionan sin prejuicios, volviendo a darnos la enésima lección de vida.



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