Juan José Morcillo


'Filomena', a mi pesar

13/01/2021

Pasó la húmeda y engalanada Filomena por «esta mano tendida al mar poniente», como definió Unamuno a España, y su larga cola cubrió nuestros campos y ciudades de hielo y nieve. Sepultó todo lo que podría sepultarse, incluso los datos de contagiados y fallecidos por el coronavirus. Apunta con acierto nuestro refranero que con un clavo se saca otro, cierto, pero ambos son clavos. Los medios defenestraron de su parrilla informativa las restricciones autonómicas para frenar el alarmante ascenso de contagiados y de víctimas mortales por el dichoso virus, y durante seis días con sus seis noches, insisto, durante seis días, para cubrir el acontecimiento de la nevada, anegaron programas televisivos con informaciones sin relevancia nacional: una carretera cortada, la nieve acumulada en tal pueblo o en cual barrio, evitar los vaqueros para salir a la calle, conjeturar si ha habido en los veinte años que llevamos de siglo un temporal semejante, la señora que había perdido un vuelo, la chica con un brazo contusionado que cuenta que un señor amable la había llevado en su coche al hospital.
Qué tendrá Filomena que da tanto que hablar. Hace unas décadas, no muchas, un temporal como este habría ocupado una breve mención en los informativos y apenas dos portadas en la prensa. Y basta. No es necesario dedicar tanto tiempo a un acontecimiento meteorológico que en invierno es normal. ¿Que ha nevado mucho? Mejor para el campo y los pantanos. ¿Que hay carreteras cortadas y ciudadanos que se caen? Lógico. Y ya.
Filomena, cuya traducción del griego antiguo sería ‘a la que nunca le faltará amor’, no ha hecho más que corroborar el regusto de los medios al sensacionalismo y al pesimismo para que todos, como mínimo, hagamos mal la digestión o nos vayamos a dormir con la tensión descompensada. Pero lo que, por desgracia, ha evidenciado el paso de esta borrasca atlántica es que la cultura española, en general, ha alcanzado tal extremo de vulgarización que cualquier palabra que se pronuncie o se escriba para salvarla sería tan inútil como un copo de nieve arrojado a las llamas de un gran incendio.