Elena Serrallé


Llora la hostelería

13/01/2021

El pasado lunes se anunciaba la prórroga de la fase tres en la ciudad y con ello una vuelta de tuerca en el garrote vil para la hostelería. Muchos negocios ya no respiran, han muerto. Los más fuertes empiezan a flaquear, agonizan como un pez boqueando fuera del agua. Decenas de familias con semblante serio de seria preocupación, el pesimismo por bandera y la impotencia compañera de su insomnio. Sinceramente, creo que no es la solución.
Los centros comerciales y los supermercados con las puertas abiertas y los bares y restaurantes con los grifos cerrados. Los contagios disparados, como el recibo de la luz y los impuestos viento en popa a toda vela. Definitivamente no, no es la solución.
Las terrazas en enero en Albacete son impensables y este año Filomena se burla de aquellos hosteleros que albergaban la mínima esperanza de servir sus cafés al aire libre. Abandonados a su mala suerte.
¿Y si les damos algo de oxígeno? ¿Y si abren las puertas no sólo de sus negocios sino también las de sus fuentes de ingresos y las de sus empleados? ¿Y si cumplen con las medidas de seguridad anticovid? ¿Y si todo aquel cliente irresponsable incumple en las inmediaciones del local en la vía pública es sancionado? ¿Y si dejamos de mirar para otro lado mientras pagan justos por pecadores? ¿Y si dejamos de usar dos, tres y muchas más varas de medir? 
Que vamos a la deriva lo sabemos, que seguimos empantanados, también lo sabemos, lo que parece que no sabemos es que como los autónomos paren el motor, la economía se hunde.