Eloy M. Cebrián


La ley trans

12/02/2021

Se me ocurrió escribir la semana pasada sobre el proyecto de ley trans del Ministerio de Igualdad y creo que no voy a vivir días suficientes para arrepentirme. No sé si el problema ha sido lo polémico del asunto o la difusión del artículo por las redes sociales, donde la gente suele ser susceptible y agresiva, y de gatillo rápido. La cuestión es que me han caído de todas partes, incluso de donde menos lo esperaba. Me han llamado desinformado, irresponsable, facha (por supuesto), paleto, cerril, intolerante, homófobo, ignorante, desalmado y enemigo de las libertades. Un tipo que escribe desde California ha llegado a afirmar que, si las opiniones vertidas en mi artículo las llego a expresar allí, me quedo sin trabajo ipso facto. Así se las gastan los «ofendiditos». En cuanto a lo que tengo que decir al respecto, es que cada vez me parece más fascinante la diversidad de artículos que se pueden adquirir por internet. Si uno se levanta de humor, se puede comprar desde una lámpara led que ilumina el interior de la taza del váter (y cambia de color) hasta un arnés para sacar a pasear al hámster, desde un minibús o una casa prefabricada hasta un parque acuático completo. Pero lo que más me fascina son ciertos artículos de aspecto pintoresco cuyos anuncios resulta difícil interpretar, en parte por lo confuso de las ilustraciones, en parte por la complicada descripción del producto: «Nuevo adulto limpia huevos suave exfoliante cuerpo baño revestimiento ducha cepillo para spa lavadora esponja depurador de almohadilla esponjas de limpieza en el cuarto de baño». Finalmente, tras darle muchas vueltas y comparar este anuncio con otros similares, he llegado a la conclusión de que se trata de objetos cuya única función es ser introducidos por ciertos agujeros corporales, que es exactamente lo que puede hacer toda esa peña con sus opiniones sobre mi persona.



Las más vistas