Domingo Henares


Las cosas como son

15/11/2020

Más allá de la tierra quemada, o de la batalla que supone luchar contra el coronavirus 2020, es seguro que hay vida, otros horizontes y un porvenir soñado. Solo hay que mirar a los niños cuando salen de la escuela, con sus cuadernos llenos de colores y de ríos, una casa con su árbol, las distancias que hay entre dos pueblos y de aquí a la Luna. Con sus ojos por encima de la mascarilla y con sus juegos lo están diciendo muy convencidos. Es posible la esperanza. Porque ellos no alteran el orden de la naturaleza, pues, como decía don José Serna, hermano mayor de las letras albacetenses, «las cosas son como son» y es mejor dejarlas como están. Que el mundo está bien hecho, aunque tengamos un Gobierno contra naturam que nos rige (socialistas y comunistas, dos ideales en uno, ese imposible manifiesto). 
Ocurren situaciones normales, sucesos de guardar en la memoria por su encanto, por la paz que dejan sin más. Tan naturales si no se cambian de valor. Como ha ocurrido hace unos días, cuando el Papa Francisco llamó a uno de sus párrocos en Pamplona y don Javier Leoz no cogía el teléfono, que apareció en su móvil unas tres veces como desconocido. Hasta que avisaron de Roma diciéndole que el Papa quería charlar con él un rato. Y se colmó la parroquia de felicidad y de entusiasmo para toda la vida. Con total naturalidad, que las cosas sencillas también existen y valen.
  El Papa justificó su comportamiento diciendo que es obispo de Roma y que por eso habla con los curas del mundo. Así de naturales pueden ser las cosas. Como la noche cede su paso al día. Y como lucen las estrellas al mirarlas.