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Javier Ruiz

LA FORTUNA CON SESO

Javier Ruiz


El juego del calamar

14/10/2021

Me dicen que El juego del calamar es la serie del momento y cuenta cómo un grupo de surcoreanos compiten por una fuerte cantidad de dinero a través de una serie de juegos infantiles. Las pruebas son fáciles, pero al primer fallo de alguno de los participantes, se le mete un tiro en la cabeza. Todos quienes la han visto hablan de su dureza y violencia y advierten de que los niños no deben verla, aunque la serie ya se está colando en los recreos a modo de juego también. Hay quien asegura que los niños se dan un puñetazo cuando alguno de ellos pierde. La violencia no tiene límites y preocupa a los educadores y la Guardia Civil. Los paralelismos se han establecido hasta con los partidos políticos y los más vanguardistas ya han sustituido Juego de Tronos por El juego del calamar. El caso es jugar. No consta que la serie haya sido visto en el Arzobispado de Toledo después de la bachata de Tangana y la dimisión del deán.
El juego del calamar es el sino de nuestros tiempos. Las series se han hecho con el cetro de la atención de las plataformas y el personal se engancha desde su casa. Tanto quedarse en ella, que no hemos vuelto todavía al cine o al teatro. A la calle, sin embargo, sí. No hay más que ver Farcama este puente del Pilar y las calles de Toledo y Cuenca. Media España ha salido estos días y los que no, se quedaron en casa viendo el vídeo de Tangana o El juego del calamar. Cuando nos da por algo en esta sociedad de masas, no paramos de darle al click o comentarlo por whatsapp. No es tanto verlo como contarlo. O cundirlo, que decimos en la Mancha. Por eso no entiendo a los que sacan el móvil para grabar hasta cuando van al baño. No se enteran de lo que ven y lo único que cuenta es decirle a los amigos que no saben lo que se pierden. Es el postureo del discurso instagramer. Tanto hablar de El juego del calamar, que los que no la conocemos, parecemos extraterrestres. Sin embargo, su tinta se extiende tanto que llega hasta esta columna.
El juego del calamar es la droga dura de una sociedad blanda tras la pandemia. Dicen los que han estudiado la serie que esta se explica a raíz de la crisis de deuda surcoreana y el empobrecimiento súbito del país. Si es por eso, en España pronto haremos El juego del chipirón, pues andamos ya en una deuda que supera el 120% de nuestro Producto Interior Bruto. Eso quiere decir que el españolito que venga al mundo, por deber, debe hasta de callarse. Nuestros padres nos dejaron una España en la prosperidad tras levantar un país hundido por la guerra de los abuelos y nosotros nos hemos gastado sus ahorros y los de nuestros hijos. Podemos jugar al calamar, la oca o el parchís, que siempre ganarán los mismos. Pedro Sánchez, o sea.
El presidente del Gobierno afronta su congreso en Valencia con la leve oposición de los barones que aguantan como pueden el ataque de cuernos que supone una mesa bilateral con Cataluña. Qué hemos hecho para merecer esto, piensan calladamente y ahora ya también en voz alta. Permanecer en silencio ante el cisco de financiación autonómica es el pasaporte seguro para ser el próximo en caer dentro de este juego del calamar. Aquí teníamos El brillante en Atocha y perdimos todos los bocadillos. La deuda nos ahoga incluso antes de jugar a los calamares. Enciendes la luz y te meten un tiro con la factura. Versión made in Spain.