Miguel Romero

CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


¿A alguien le interesa la guerra?

23/05/2022

Siempre aludo a mis personajes favoritos, por su sabiduría y por su acierto en cada reflexión. Recuerdo las palabras de Martín Luther King «una nación que gasta más dinero en armamento militar que en programas sociales se acerca a la muerte espiritual», y es tan cierto como real. El mundo, la sociedad, la gente, sin espiritualidad, no es nadie –es un cuerpo inerte-.
Pero no es nada nuevo, desde hace miles de años ya se gestaban los pensamientos, razón de más para saber que las guerras no son buenas para nadie, ¿para nadie? –habría que puntualizar, dirían algunos-, tal cual Herodoto de Halicarnaso, el cual expresó que «ningún hombre es tan tonto como para desear la guerra y no la paz, pues en la paz los hijos llevan a los padres a la tumba y en la guerra son los padres quienes llevan a los hijos a la tumba». ¡cuánta razón tenía el filósofo griego!
Y, sin embargo, para algunos poderosos, países o gobiernos, «sobra gente en este mundo»; para otros, también poderosos y trastornados, la guerra es necesaria para demostrar quien domina a quien; y para las multinacionales -esas que dan mucho trabajo y como contrapartida, ayudan a eliminar a otros- la guerra es 'buena' porque venden sus armas de stock, por otro lado, las de último modelo o ensayan las que acaben de inventar y siguen ganando dinero y dinero a costa de la muerte y muerte de pobres inocentes, indefensos, inútiles y desamparados. ¡Qué triste mundo!
Putin está loco, sin duda, pero también están los talibanes, los malayos, los sirios, los chinos, los bielorrusos, los mercenarios del grupo Wagner o los Halcones. Demasiado locos en este mundo, demasiados necios y ruines, demasiados Putines andan sueltos.
Y así de sencillo y macabro es el deseo de la guerra; sí, sí, lo digo bien, el deseo, porque para muchos es un deseo soberbio y orgulloso, ruin y necio.
Quiero acabar como empecé, con otra cita inteligente, en este caso de Paul Valery «la guerra es una masacre entre gentes que no se conocen, para provecho de gentes que sí se conocen pero que no se masacran».