Javier López-Galiacho


La calle del acuerdo

28/07/2020

Cada verano, Madrid es una parrilla que asa a más de tres millones de personas. Este año, además, con bozal en el hocico. Aquello que soltó Francisco Silvela de que «Madrid en agosto, con dinero y sin familia, es Baden-Baden», no se lo creyeron ni sus contemporáneos. Pérez Galdós levantó su residencia de San Quintín en Santander al no aguantar los calores de Madrid. La capital de España sólo te da una tregua cuando amanece y aprovechas la fresca. Este domingo, sin más, atravesé el barrio de Argüelles para alcanzar una de las plazas más bellas y recónditas de la ciudad como es la de Las Comendadoras. Cuando llegué, el viejo Café Moderno levantaba sus persianas y en su terraza, mitad sol, mitad sombra, me pedí un café. El sol se desperezaba por el oriente desde la revolucionaria Plaza de Malasaña, subiéndose como de puntillas por la calle de Quiñones para pintar así de oro las viejas y monumentales torres barrocas de las iglesias de Montserrat y de Santiago. Y uno, entre sorbo y sorbo, se imaginaba al Luisito Cadalso del Miau galdosiano, huyendo por esta Plaza del inmisericorde acoso colegial sufrido en la cercana Plazuela del Limón por el aspecto gatuno de su familia, y refugiarse en su casa de la vecina Quiñones. Calle esta que alberga la muy importante Iglesia de Santiago El Mayor, con la bellísima y barroca Sacristía de los Caballeros de la Orden de Santiago, lugar donde los aspirantes velaban armas, antes de la ceremonia en su monumental nave central de planta griega. Mientras este columnista soñaba ser investido caballero ante el Maestre de la Orden bajo el imponente estandarte de la Cruz de Santiago, la amable camarera me trajo la cuenta, despertándome como el príncipe Segismundo de La vida es sueño. Regresé por Quiñones camino de San Bernardo, cruzándome con la Calle del Acuerdo. Y no pude sino pensar en que éste sería lugar idóneo para convocar simbólicamente a las Cortes de España, para que senadores y diputados sellaran el acuerdo de reconstruir esta vieja España que hoy se tuesta con la esperanza achicharrada. Otro sueño.