Juan José Morcillo


Incomodidad

29/07/2020

Hay dos soluciones para mantener a la gente confinada en sus casas: obligándolas o incomodándolas. Obligados ya lo hemos estado durante algo más de dos meses, cohibidos por las noticias devastadoras que venían de fuera y amedrentados ante las sanciones que nos caían si infringíamos las normas. Las puertas de nuestros hogares por fin se abrieron para que la economía doméstica y la nacional, durante el período estival, sacasen la cabeza del oscuro caparazón de ruina en el que se hallaban y pudiesen así respirar a pesar del indiscutible riesgo de rebrotes y de contagio por la pandemia.
 Mantener al pueblo confinado y los negocios cerrados durante el verano habría derivado a la ruina del país y a un suicidio del actual Gobierno. Todos a la calle, todo abierto; no hay otra salida. Nos recomendaron mantener las distancias de seguridad, usar las mascarillas en espacios abiertos y cerrados, limitar con prudencia las reuniones sociales y familiares, pero todo ha sido en vano. Nos falta responsabilidad y mayor conciencia social, sobre todo entre los jóvenes. Han vuelto los contagios, los ingresos en la UCI y los fallecidos, y, con ellos, el miedo de hace unos meses, el malestar y la incomodidad. Muchos hemos cancelado el viaje de verano para evitar coincidir con gente desconocida y tampoco salimos a comer ni a cenar para no contraer el virus; como ha vuelto a ser obligatorio el uso de las mascarillas, ni siquiera nos apetece salir a pasear por evitar la sudoración excesiva de la cara y por miedo a que nos dé una hipoxia. Ansiando tranquilidad, bienestar y relajación, paso ahora tantas horas en casa como las que vivía a mediados de mayo. La incomodidad y la prudencia me han confinado de nuevo en mi casa.
Salvo una emergencia, habrá seguramente un confinamiento obligado después del verano para que los negocios que se verán perjudicados puedan llenar sus alcancías antes del otoño. Es muy difícil confiar en el sentido común y en la responsabilidad de más de cuarenta millones de ciudadanos; la única vía es la de la ley y la de la sanción, la del miedo y la de la reclusión.