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Editorial

El conflicto entre Rusia y Ucrania demanda más diplomacia

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La tensión en Europa del Este es cada vez mayor. El despliegue de más de 100.000 soldados rusos en la frontera con Ucrania, con inquietantes maniobras de decenas de vehículos de asalto, ha hecho saltar las alarmas, tanto en la UE como en Estados Unidos, al considerar muy probable que Moscú tenga en mente llevar a cabo una nueva ofensiva contra sus vecinos. A nadie se le escapa que Rusia lleva años con la idea de invadir Ucrania. Hace algo más de siete años, las tropas de Putin consiguieron anexionar Crimea tras una maniobra militar que fue secundada, posteriormente, con un controvertido referéndum calificado de ilegal por buena parte de la comunidad internacional. Desde entonces, Ucrania mantiene una encarnizada lucha con las facciones prorrusas en el Donbás sin que el conflicto se haya resuelto de forma satisfactoria. La situación es cada día más complicada y ya nadie descarta un enfrentamiento de mayores dimensiones.

El presidente de EEUU, Joe Biden, vaticinó ayer que la invasión rusa de Ucrania es inminente, al mismo tiempo que advertía a Putin de que pagaría por ello si finalmente cumple con esa desestabilizadora hoja de ruta. El secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, se desplazó hasta Kiev para mostrar su respaldo al Ejecutivo de Volodímir Zelenski, iniciando una gira diplomática por distintos países para tratar de establecer una estrategia común, que incluye duras sanciones económicas, que sirva para frenar las ansias anexionistas rusas. Blinken, respaldado por la UE y que ya alertó a los ciudadanos ucranianos la llegada de «días difíciles», mantendrá hoy un encuentro con su homólogo moscovita, Serguei Lavrov, que ha querido dejar claro a la OTAN y a EEUU la necesidad de tener garantías de que ni Ucrania ni Georgia serán admitidas en la alianza atlántica, pese a la invitación que se lanzó a ambos países hace tres años.

El conflicto con Ucrania se ha enquistado de tal manera que, hoy por hoy, parece casi una utopía encontrar una solución que satisfaga a ambas partes y que ponga fin a las políticas anexionistas de Moscú. Rusia no se esconde. Su intención de seguir teniendo presencia e influencia en los estados que en su día pertenecían a la URSS ha formado parte de la política que ha llevado a cabo en las últimas décadas. Ese ha sido y es su leitmotiv. Por ello, es necesario que la comunidad internacional, a través del consenso y de una posición única, haga ver a Putin que no se puede estar jugando siempre con fuego, que existen unas reglas de convivencia y que toda acción va a llevar aparejada una respuesta contundente para salvaguardar la autonomía y la seguridad de los países. España ya ha ofrecido desplegar sus cazas en Bulgaria, pero la diplomacia sigue siendo el camino antes de implantar otras vías disuasorias más contundentes.