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Ángel Villarino

RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


Ley de vida

21/05/2022

Va una confesión: me cuesta mucho interesarme por la visita del Emérito. En general, me cuesta mucho interesarme por la vida del Emérito. No me provoca ningún sentimiento. Ni a favor, ni en contra. Ni siquiera demasiada curiosidad. Vivo inmerso en la actualidad por deformación profesional, pero en este caso no busco cada mañana las crónicas para saber qué va a suceder y en qué orden, algo que sí hago con otros muchos asuntos.
Habrá miles de excepciones, pero creo que la indiferencia es el sentimiento que mejor representa las personas de mi generación, quienes nacimos después de su coronación y hemos crecido en democracia. Tenemos la sensación de que ya sabemos todo lo que necesitamos saber sobre Juan Carlos I.
No creo que sea por frivolidad juvenil. Somos ya adultos, tenemos responsabilidades familiares y, quien más, quien menos, ha entendido que la vida va en serio y que los actos tienen consecuencias. Muchos apreciamos racionalmente la importancia de la Transición y podemos estar de acuerdo con su ejemplaridad, pero con una distancia emocional parecida a la de la Guerra de Cuba o la Revolución Francesa.
Me doy cuenta de que para los nacidos unos años antes es un tema muy importante, apasionante, tremendamente polarizante. De los que más. He intentado muchas veces contagiarme por ese entusiasmo, pero no soy capaz. La conclusión a la que llego es que simplemente no es un hito de mi generación, aunque hayamos crecido pagando con billetes y monedas que llevaban la cara de ese señor. Estoy convencido de que dentro de unos años me encontraré en una situación similar, pero en el lado contrario: fascinado con alguna noticia que a mis hijos les parezca banal.
Tampoco creo que esté bien o que esté mal. Es ley de vida. Si leyese esto, probablemente Felipe VI entendiese lo que quiero decir.