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Ramón Bello Serrano

Ramón Bello Serrano


Obediencia

30/07/2022

La ministro del ramo aconseja que juguemos con las persianas para bien de hacer corriente y enfriarnos de modo natural para gastar menos. En España basta una tragedia para la obediencia resignada -lo vimos en pandemia con el congreso cerrado a cal y canto; y ahora lo revivimos (revivir siempre, volver a la vida, revivir la discordia -me dirá alguno) con el resultado de la guerra en Ucrania. Se podrá decir de Sánchez cualquier cosa, pero nadie negará (a salvo los fanáticos de partido) que pasará a la historia como el presidente que gobernó en pandemia y en guerra. Su falta de empatía la compensó con los asuntos de salud y el mal del arriendo de la luz y el gas -y ya sabemos que la personas de edad hablamos siempre de enfermedades, alquileres y del tiempo-. La señora ministro ha recordado qué ventanas han de ser consideradas clave para formar la corriente, buscar la diagonal y abrir la hoja de la ventana en un ángulo determinado. Estos consejos los dan todos los periódicos europeos por cuanto vivimos ya en permanente ola de calor -el cambio climático es vivir en la cresta de la ola cuando pensábamos que el verano era (y debía ser siempre) como una línea de agua quieta- y resulta vetusto hablar del veraneo. La gente toma vacaciones y ya muy pocos veranean. Veranear no se lleva; es un lujo no hacer nada; un escándalo hacer siestas de horas y tomar el fresco hasta la madrugada. En vacaciones hay que gastar y hay que gastar muchísimo para poder contarlo a la vuelta. Es probable que el hotel donde nos alojemos desatienda los consejos de la señora ministro y tenga a todo trapo el aire acondicionado. Y a nadie conozco que pretenda cenar en una mesa de interior con un triste ventilador sudando la gota gorda -otra ola más chiquita, pero al punto agua-. A no ser que el precio disminuya por ser solidarios con el hostelero -el pobre hostelero obligado a ofrecer agua de grifo y mandado con el táper como un deber. Todas estas cosas son más importantes de lo que parecen. La obediencia y la sumisión nacen de los pequeños mandados -así en la salud como en la guerra. Y en la obediencia (el orden al que aspira todo régimen) se forja nuestro caluroso destino al seguir las corrientes.