Antonio García


La Feria invisible

07/09/2020

La Feria de Albacete es una más de las que se han caído del cartel por el dichoso virus. En nuestro caso, la suspensión ha servido para tumbar el desplante de Antonio Gotor que dijo aquello de «échele usted microbios a la feria», en alusión a que su celebración se había impuesto a sucesivas epidemias, aunque no a esa otra epidemia mayor que fue la Guerra Civil. Al final iban a tener razón los que vendieron la pandemia como guerra, una guerra en la que el único ejército cautivo y desarmado ha sido el ciudadano al que además de la libertad se le ha negado el postre de la juerga. Pero hay que evitar todo el plañiderismo que acarrean estas situaciones, y más si el plañiderismo lo aportan quienes menos motivos tienen para ejercerlo. En esta posguerra sobrevenida los grandes derrotados son los comerciantes y los niños: a los primeros se les priva de su sustento y a los segundos de la ilusión, que es el sustento de los niños, pero como ninguno de esos afectados tiene columna de opinión, su justificadísima queja no tendrá expresión escrita. Los que además de espacio en la prensa tenemos una cierta edad deberíamos evitar el planto, porque una feria más o menos no modificaría en nada la estampa de las que ya tenemos acumuladas. Es privilegio del viejo hacer examen de conciencia, rebobinar memoria y seleccionar de entre ese acopio la imagen que más nos pete, que según gustos serán los caballitos, los espejos deformantes, el látigo, la ruleta de la suerte, la tómbola, los coches de choque, el monstruo de Guatemala. En rigor nos apañamos con tres o cuatro ferias, las de nuestra infancia. La de este año es tan invisible como las que vinieron después.