LOS POLÍTICOS SOMOS NOSOTROS

Enrique Belda


Cataluña desde otra perspectiva

23/02/2021

Las elecciones en Cataluña han consolidado la trayectoria de voto de las últimas décadas. La poca movilización concede la mayoría holgada a los nacionalistas, con un alma más comprometida por su naturaleza antisistémica. Hace décadas, el nacionalismo ganaba por el conglomerado de intereses que generaba en la población (el estilo PNV) y hoy lo hace por el conglomerado de pasiones, algo que no ocurre en el electorado españolista, más práctico y descreído (con toda la razón, además).
Digan lo que digan, también es continuista que el PSC aglutine el voto restante, pues siempre ha sido la referencia del españolismo, y solo la gran proeza de años atrás realizada por Albert Ribera antes de darse a placeres terrenales, logró sustituirlo, por una sola vez y con la ayuda de una Arrimadas bendecida por los medios, hoy ya enterrada. Ahora se vuelve a la ‘normalidad’ de la preminencia socialista en ese bloque. Qué quieren que les diga: si algo le gusta al electorado catalán es el cariño y el protagonismo, mucho cariño y atenciones, y mientras que todos los líderes de Ciudadanos los han utilizado para largarse de allí y ganar votos en otros sitios de España, Iceta ha dado la cara, e Illa ha vuelto. La gente no suele mirar valías y sí gestos, y ahí tienen al mal político y gestor, malo hasta los huesos, pero regresando ‘als països’.
ERC, por poco, ha ganado en el bloque separatista a los de Junts, por la coherencia, carcelaria pero coherencia, de Junqueras frente al cobarde de Puigdemont. En los extremos, las vísceras de las CUP en el avance típico de período de crisis. Y ya entrando en el jardín con pinchos, opino que el voto nacionalista español se lo ha quitado a Ciudadanos el partido Vox. El PP sigue igual de mal que la otra vez, incluso cuando por fin encuentran un buen líder, pero llega en las semanas de Bárcenas, y sin movilizar a los moderados. Tiene la cosa fea el PP (Ciudadanos que no se preocupe que ya es historia pasada en todas partes, aunque no lo merezca allí).
Difícil es ganar España sin la aportación en escaños en las dos primeras nacionalidades históricas y, como la meta del partido de Casado en Cataluña sea recuperar los votos de la visceralidad y la resistencia numantina de Vox (ha de hacerlo, pero es secundario), de aquí a ocho años se podrá plantar en una oposición minoritaria respetable en esa Comunidad, pero con no más del quince por ciento. Ello le permitirá solo seguir utilizando ambos territorios como una mera cantera de mártires que espoleen el nacionalismo español en Tomelloso, Mérida o Salamanca (teoría del victimismo). La otra salida, la ambiciosa, la complicada, a trabajar desde ya, es crear una plataforma de técnicos y gente moderada de toda Cataluña, para presentar una gran coalición sin las siglas que en otros lados saben bien, pero allí son odiadas y rechazadas por una mayoría aplastante, desde siempre. Si de paso les ayudamos en el resto de España entendiendo que Barcelona no es Madrid ni Toledo, y que su diversidad, su lengua sagrada, o su bandera constitucional y autonómica, son cosas tan nuestras como Rafa Nadal y la Mahou, pues iremos cerrando heridas.  



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