DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Más Fernandos Simón

29/01/2021

Todavía me pregunto por qué Salvador Illa no se ha llevado a Fernando Simón a Cataluña. «Es un servidor público como la copa de un pino». Visto el buen resultado que le ha dado en Madrid, nadie duda de que el director de Alertas Sanitarias habría sido el mejor escudo protector del ex ministro convertido en candidato por obra y gracia de Pedro Sánchez. Hay muchas probabilidades de que no hubiera acertado ni una, pero le habría parado todos los golpes. «El PSC no a conseguir, como mucho, más allá de algún voto diagnosticado». Simón, siempre jugando al despiste.
Para Salvador Illa ha sido el mejor vasallo que podría encontrar. Aunque se lo dieron hecho, lo ha exprimido hasta el final. Incluso cuando ya se ha puesto en modo mitin a tiempo completo: «A mí esas personas que aciertan las quinielas los lunes, no me merecen ningún mérito».  Con Simón, no ha tocado ni un reintegro. Ni siquiera cuando todos los expertos le decían que se estaba equivocando. La última ha sido flagrante. Cuando el 11 de enero, el fiel escudero de Illa repetía que la variante británica del coronavirus tendría un impacto dominante, muchos expertos ya insistían en su velocidad de contagio. A los que osaron en reflejar la opinión de virólogos y epidemiólogos advirtiendo de que sería una cepa dominante, les despreciaron por alarmistas. Las consecuencias, sin necesidad de acertar ninguna quiniela, están siendo devastadoras. ¿De quién es la responsabilidad? Tuya y mía por lo bien que nos lo pasamos en Navidad.
Salvador Illa va de Quijote a pelear contra los molinos del poder establecido en Cataluña y lo hace sin su Sancho querido. «Ojalá hubiese más Fernandos Simón». Alguien con tantas virtudes, siempre estaría en mi equipo, aquí y en China. No lo ha visto así el presidenciable en Cataluña y podemos llegar a la conclusión de que no le va a hacer falta. Si atendemos a Tezanos, se ve seguro de su victoria. Da igual lo que venda en campaña que luego hará lo que la aritmética le mande. Eso lo ha aprendido bien en un Gobierno de coalición en el que nadie ha cumplido lo que dijo antes de llegar a Moncloa. No tengan ninguna duda de que el candidato del PSC también va a renegar de posibles pactos posteriores con los independentistas. Sánchez también lo hizo y, ahora, no sería nadie sin el apoyo de los separatistas catalanes y vascos, que siguen pasando la gorra para cobrarse los favores prestados. El gallo cantará y será entonces cuando Illa se quite la careta para desvelar sus verdaderas intenciones de pacto.
En estas elecciones tan atípicas, en las que todavía no está claro si se van a celebrar el 14 de febrero o el TSJ de Cataluña va a avalar el aplazamiento requerido, el primer gran acto electoral ha sido la decisión de la Generalitat de conceder el tercer grado a los políticos presos. Junqueras y compañía tienen vía libre para hacer campaña. Eso le quita parte del marrón al Gobierno de Sánchez, que, de haber tramitado de urgencia el indulto, habría quedado en total evidencia. Ahora, con este movimiento, el Govern catalán vuelve a retar al Supremo, que ya a principios de diciembre desestimó el tercer grado por ser precipitado. Si la Fiscalía lo vuelve a recurrir, no habrá tiempo de resolver el entuerto y los que protagonizaron el intento de golpe separatista sin ánimo de enmienda -lo volveremos a hacer- se habrán vuelto a salir con la suya. Con esta previa, gane el PSC o ERC, Cataluña seguirá en manos de los que quieren destruir España y su actual modelo de convivencia.