CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


La creatividad ambienta los hogares

22/03/2021

Os habréis dado cuenta que la terrible pandemia que nos asola desde hace un año provoca sensaciones de desánimo, voluntades pesimistas y provocaciones contradictorias; pero os habréis dado cuenta también que la dichosa pandemia nos ha provocado inventar o crear recursos de ‘la nada’ y avivar sensaciones novedosas sobre ideas o soluciones que nunca antes habíamos tenido que realizar. Esa podría ser ‘una parte buena’ de toda una ‘historia mala’.
El confinamiento nos ha acercado a una búsqueda de «creatividad» en la que nuestra mente estaba prácticamente dormida. Porque la creatividad siempre hablará de novedad, de generación de ideas, de renovación de lo viejo, de pensar en lo que nadie ha pensado, de hacer sorprendente lo que es evidente, de crear novedad en lo antiguo, funcionalidad en lo inservible, dar valor al talento, en definitiva, en pensar distinto, tal y como nos decía Schrodinger «el pensamiento productivo o creativo no es tanto ver lo que aún nadie ha visto como pensar lo que todavía nadie ha pensado sobre aquello que todos ven».
Por eso, nuestros hogares, donde hemos tenido y estamos teniendo, que vivir con mucho más tiempo del que hacíamos antes de la pandemia, nos ha traído ‘la creatividad’ necesaria para inventarnos medidas, soluciones, recursos, estrategias, acciones impensables, búsqueda de reglas donde no las había haciendo prueba de esa grandeza que tiene nuestra mente humana donde existe una infinita gama de pensamientos capaces de llegar a pensar que podemos mezclar realidad y ficción, verdad y mentira, odio y amor, existencia y sueño.
Os habéis dado cuenta de ¿cómo podemos utilizar los balcones, antes casi olvidados?; y en ese pequeño espacio hogareño, apenas saboreado, ¡qué estupendos circuitos atléticos hemos preparado entre el salón, las habitaciones, los pasillos y el hall¡, gimnasios inventados, pistas de carrera rápida, sala de spinning, musculación y danza; o esa afición tardía a la decoración, diseño y práctica virtual; sin olvidar que nuestro comedor se ha convertido en un parque infantil  de ensueño.
Las series televisivas han condenado nuestros sofás, han avivado el uso de monitores audiovisuales casi olvidados, nos han traído aficiones o virtudes desconocidas para algunos de nosotros en el canto, en el baile, en book trailer, en la pintura o en el reciclaje. Hemos limpiado armarios de «ropajes olvidados», encontrado objetos del pasado, ordenado camarines y trasteros, sacando «trapos sucios» de realidades olvidadas, sin que la sensación de una nueva vida pudiera trastocar los planes del futuro.
Nunca supe encender la lavadora, el lavavajillas, aplicar la plancha, utilizar la vitrocerámica, encontrar las especias, cocinar un cocido, abrillantar el suelo, desinfectar el sanitario, comprar en el súper, utilizar el karaoke, hacer canutillos, dialogar con mi esposa, hacer la cama, reinventarme en el bricolaje y apreciar un piso, apartamento, adosado o buhardilla donde la terraza permite visualizar un maravilloso paisaje que desconocía, sin que mis aficiones perdidas aparecieran para demostrar que ‘soy un ser humano’ y no un autómata. Ahora, lo he aprendido con afición y maestría. ¡Bueno, la pandemia me ha servido para entender mi otro ‘yo’ y avivar este espíritu dormido reactivando mi mente al cultivarla, aprendiendo más pero sobre todo, pensando más y así hemos vuelto al razonamiento de aquellos ilustrados, porque la sociedad de ahora, apenas había razonado. Eso sí, estoy deseando que se marche esta pandemia y volvamos a los tiempos de antes, de verdad, quiero que se acabe este maldito sueño.