José Fidel López


Yassine

22/10/2020

En otro momento hubiera abierto informativos de televisión, boletines de radio o primeras páginas. Pero el Covid-19 es tan codicioso que, además de enfermarnos, matarnos y confrontarnos oculta historias humanas que son para sentirse optimista en estos tiempos tan crueles, aunque sólo fuera durante unos minutos.

Me refiero a la peripecia sanitaria a la que se ha tenido que enfrentar Yassine, un niño de 15 años con fallo intestinal y para el que los médicos del Hospital La Paz de Madrid más que medicina, más que ciencia, hicieron magia, al aplicar un procedimiento original e innovador a nivel mundial para evitar el rechazo de órganos en el maltrecho cuerpo de este valiente, con un amplio currículum de intervenciones quirúrgicas de órdago a sus espaldas.

Dos reflexiones, por un lado, la importancia de las asociaciones de autoayuda en la atención a aquellos ciudadanos que, por circunstancias, se enfrentan a dolorosas y largas enfermedades, y que requieren de un apoyo extra más allá de la sanidad pura y dura.

En este caso ha sido NUPA la que echó el resto para que al menor no le faltara de nada en su camino hacia una vida lo más natural posible, pero podría hablar de otros muchos colectivos, decenas de ellos que hacen lo indecible para llevar a buen puerto sus misiones vitales. Y la segunda apreciación: la categoría de nuestros profesionales sanitarios, quienes más allá del aplauso diario que les dimos durante semanas, se merecen un reconocimiento material, ya saben, en medios, en dignidad salarial. Hay razones de sobra para sentirse orgulloso de este país y de sus ciudadanos. Que se lo digan a Yassine.