Eloy M. Cebrián


Los años de plomo

20/11/2020

Amazon Prime ha estrenado la serie documental ETA: el desafío, un recorrido fascinante (a la par que doloroso) por 50 años de terrorismo etarra, desde finales de los 60 hasta la disolución de la banda, en marzo de 2017. A los de mi edad nos resulta extraño pensar que hasta hace dos días (es un decir) nos desayunábamos con secuestros, bombas y muertos casi a diario, mientras que ahora nos permitimos el lujo de contemplar esas atrocidades como una página más de nuestra historia moderna. Pero esto no reza por todos nuestros compatriotas, pues sería una gran injusticia obviar a quienes les sigue doliendo aquella violencia, ya sea en su propio cuerpo o en su memoria, vulnerada para siempre por la ausencia de un ser querido. El documental recoge numerosos testimonios estremecedores, pero nos emociona de forma especial el de la madre de las gemelas de tres años asesinadas en el atentado de la casa cuartel de Zaragoza, una crueldad difícil de concebir e imposible de justificar. Esas personas merecen con creces nuestro afecto y al apoyo de las instituciones, porque de algún modo sus muertos son los de todos nosotros. Poco tiene esto que ver, sin embargo, con que a un partido legal y con representación parlamentaria se le niegue el derecho a participar del democrático, ya sea pactando presupuestos o de cualquier otro modo, independientemente de que comulguemos o no con sus ideas. Y no se trata de pasar página ni de despreciar a las víctimas. Un país no se gobierna desde el rencor y la intransigencia, sino desde el entendimiento. La vía del diálogo y la renuncia a la violencia nos convierten en personas libres, nos convierten en ciudadanos iguales en obligaciones y derechos. No lo olvide, señor Casado.