Tu privacidad es importante para nosotros

Utilizamos cookies propias y de terceros para analizar nuestros servicios, medir las audiencias, personalizar el contenido que ofrecemos y mostrarte publicidad adaptada a tus intereses mediante la obtención de los datos necesarios para perfilar tus hábitos de navegación e inferir grupos de interés.
Podemos asimismo utilizar fuentes de datos externas para elaborar estos grupos de interés, así compartir los análisis de navegación y los grupos de interés inferidos con terceros con el objetivo de personalizar contenidos y campañas publicitarias.
Puedes personalizar los propósitos para los cuales permites el uso de tu información, utilizando los siguientes botones:
Puedes también consultar la política de cookies al completo aquí.
Saber más

Caso Julen: cuándo España quiso creer

M.M.-S.O. (EFE)
-
Caso Julen: cuándo España quiso creer - Foto: ALEX ZEA/EUROPA PRESS

El rescate del pequeño tras caer a un pozo en Totalán (Málaga) mantuvo en vilo a todo el país, que confió en que ocurriera un milagro

¿Cuánto tiempo puede permanecer la esperanza? 12 días y 11 horas la mantuvieron los españoles, que quisieron creer que Julen, el niño de dos años que cayó en un pozo de casi 110 metros de profundidad en Totalán (Málaga), sería rescatado con vida.
Y no se escatimaron medios para ello. Pero Julen no pudo sobrevivir a una caída de la que estuvimos pendientes desde las 14,00 horas del 13 de enero hasta la 1,25 horas del 26 de ese mismo mes. En ese momento, Nicolás Rando, un agente del Grupo de Rescate e Intervención en Montaña (Greim) de la Guardia Civil, sacó el cuerpo del niño.
Fue el momento más duro en una trayectoria de 24 años rescatando a gente, también a menores de la edad de Julen. A Nico, como le llaman en su entorno, no se le olvida la inmensa pena que sintió cuando recogió al niño con sus manos, pero tampoco quiere olvidar el ejemplo que dieron las entidades de ámbitos diferentes en un trabajo común, sin fisuras ni protagonismos.
«Se hizo todo lo que se podía hacer. Incluso más», resalta ahora Rando, casi un año después de un caso en el que todo el mundo confiaba en el milagro.
el juicio. El próximo 21 de enero se sentará en el banquillo, acusado de homicidio imprudente, David Serrano, el propietario de la finca donde estaba el pozo y donde la familia de Julen pasaba un día de campo. Serrano, para quien el fiscal pide tres años de cárcel, es el único imputado en una causa que los padres del niño, José Roselló y Victoria Garea, confían en que se cierre tras el proceso judicial para poder así pasar página y hacer su duelo alejados ya de la exposición mediática.

 

La caída

Julen, sus progenitores, el dueño de la finca, su pareja (prima a su vez del padre del pequeño) y su hija menor querían pasar el domingo en el campo, en la parcela de Serrano, y hacer un arroz en la zona conocida como Dolmen Cerro de la Corona, en el término municipal de Totalán.
Todavía preparaban el fuego cuando se percataron de la ausencia del pequeño. A tan solo 17 metros, había un pozo de prospección para buscar agua y de apenas 25 centímetros de diámetro.
El fiscal mantiene que solo Serrano conocía la existencia de ese pozo y que «a sabiendas de todo ello y de la falta de protección suficiente y adecuada, no adoptó medida alguna para evitar cualquier posible resultado lesivo, poniendo en peligro la vida de los dos menores».
Allí cayó Julen mientras jugaba y hasta allí se desplazó un contingente de emergencias sin precedentes, en el que no faltaron los medios técnicos más avanzados. España entera tenía encogido el corazón y todo el país siguió, esperanzado, el desarrollo de las tareas de búsqueda. No importaba que el tiempo corriera en contra. Algunas horas después, una cámara localizó en el interior del pozo una bolsa de chucherías y un vaso de plástico. No había duda. El pequeño estaba dentro de ese agujero.

 

El rescate

Hasta la finca se desplazaron los mejores equipos técnicos y de rescate. Bomberos, expertos en pozos, equipos de salvamento minero, grupos de montaña...
Con la máxima expectación, incluso fuera de España, se siguieron minuto a minuto los laboriosos trabajos, que se toparon con no pocas dificultades. Una de ellas, quizá la que hizo que la esperanza se tambaleara, fue el tapón de tierra dura que los equipos de rescate se encontraron a 73 metros de profundidad.
Eso obligó a pensar en otros métodos y los técnicos optaron tras varios intentos por abrir un túnel vertical de 60 metros. Mientras, el hallazgo de un pelo de Julen mantenía viva la esperanza en los padres del menor.
Nuevas dificultades ralentizaron la perforación del túnel, pero finalmente se consiguió llegar hasta los 60 metros y encamisarlo para que pudieran entrar los miembros de la brigada minera de Asturias, que tuvieron que realizar varias microvoladuras con la colaboración también de Nico Rando y otros agentes de la Guardia Civil.
Julen fue localizado, pero estaba muerto. Nada pudieron hacer las 300 personas que durante 32 horas horadaron la tierra y la roca que atrapaban al pequeño. «Fueron muchos días, muchas horas de trabajo duro, sin mirar el reloj, intentando acceder al niño lo más rápido posible», rememora Rando. Las condiciones fueron muy duras, pero los tres agentes «pusimos los seis sentidos» para recoger todas las muestras. «Había que hacerlo», apunta Rando, que recuerda la pena que le invadió cuando rescató el cuerpo.
Él también es padre y, en ese momento, su hija tenía la misma edad que Julen. No era la primera vez que rescataba niños. «Es lo que peor llevo», reconoce. Habían subido más veces por el túnel encapsulado, pero esa vez, con el cadáver en sus brazos, la subida fue «más dura, más pesada, más larga». Jamás se había realizado un rescate así en el país.

 

La investigación

En el transcurso de las labores de rescate se supo que las obras del pozo no tenían autorización de las administraciones. Y por este caso se supo también que España es un queso de gruyer, con miles de agujeros ilegales sobre su superficie, en muchos casos para buscar agua.
David Serrano está acusado de un delito de homicidio imprudente grave y es el único que se sentará en el banquillo, pero ha intentando defenderse de las acusaciones y ha alegado que sí avisó al padre de Julen de que había prospecciones en la finca.
Además, insiste en que puso dos bloques de hormigón sobre el pozo y su defensa llegó a presentar un informe en el que apunta como causas de la muerte el uso de una piqueta por parte de los Bomberos en las labores de rescate. Sin embargo, la autopsia concluye que el fallecimiento del menor estuvo causado por la «precipitación», que originó a la víctima un traumatismo craneoencefálico y raquimedular. La Audiencia Provincial ya descartó investigar si Julen murió durante el recate. Dentro unas semanas, el juicio oral determinará la responsabilidad del acusado.
Un día de campo acabó en tragedia y puso fin a la amistad que unía a dos partes de una familia ahora enfrentadas. Los padres del menor necesitan que todo acabe. Necesitan poder hacer su duelo.