Nos ha tocado

Miguel Carballeda Piñeiro (*)
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Sí. Esta vez le ha tocado a una de las nuestras, a nuestra vendedora, a nuestra «centinela de la ilusión», a nuestra compañera Isabel de la Rosa. El dolor y la tristeza nos afectan a todos y todas y, muy especialmente, a quienes formamos parte de esta Organización con nombre de número que es la ONCE. Isabel era una de esas magníficas personas con discapacidad con las que contamos. Isabel era dicharachera, cercana a los clientes, conocida y querida en Albacete; Isabel era una mujer feliz. ¡Le gustaba que la llamaran Chenoa!
Nos íbamos a volver a ver en nuestras convivencias anuales -este año en Mallorca en el próximo puente del 1 de noviembre-, unos encuentros donde miles de personas con diferentes discapacidades convivimos y tratamos de ser, por encima de todo, felices. Esta vez no la veremos reír y bailar porque Isabel ya no está.  Le ha tocado a ella, una mujer que ha sido capaz durante toda su vida de superar la discapacidad integrándose como una ciudadana más, gracias al ejemplar esfuerzo propio, el de su familia y a haber encontrado a la ONCE en su vida. 
Les aseguro que no es nada fácil esto de la discapacidad y que muchas personas aspiramos en nuestras vidas a ser simplemente uno más, aunque en muchas ocasiones se nos hace tan difícil ser, simplemente eso, solo uno más. Por eso llevamos trabajando desde hace más de 82 años desde el Grupo Social ONCE por la inclusión de las personas con discapacidad; por la igualdad de oportunidades; por el derecho a ganarnos la vida con nuestro propio esfuerzo; por poder, humildemente, ser ejemplo para la sociedad; ser ciudadanos de pleno ejercicio, con nuestros derechos y obligaciones. Ayudar, en la medida de nuestras posibilidades al conjunto de la sociedad de nuestro país y, si podemos, ser felices a pie de calle. 
Pero nos encontramos en ocasiones con que a esta sociedad le está pasando algo muy grave, y debemos reflexionar y hacer más entre todos para que las situaciones de violencia, de todo tipo, pero muy especialmente las que afectan a las mujeres, a nuestras hermanas, a nuestras hijas, a nuestras madres, amigas, vecinas, compañeras… se corrijan. Hablamos permanentemente de igualdad; creamos asociaciones, estructuras, organizaciones, ministerios… pero aquí siguen muriendo cada día demasiadas mujeres con y sin discapacidad (algunas de ellas no fallecen, pero debido a las agresiones, adquieren una discapacidad para el resto de su vida). ¿Qué nos está pasando? ¿Qué estamos dejando de hacer? No es justo y, de nosotros, también depende.
Isabel era una mujer que defendía cada día en las calles de Albacete su dignidad como persona, como trabajadora, por encima de su discapacidad. Lo hacía gracias a la inmensa solidaridad -que quiero agradecer especialmente-, de los albaceteños, de toda la buena gente de Castilla-La Mancha y, también, gracias al compromiso de toda la sociedad civil en el país de la ONCE.
El impacto de su pérdida es duro, pero seguiremos a pie de calle impulsando oportunidades de vida para quien pueda necesitarlas, generando empleo y cobertura social por, para y gracias a personas como Isabel y a personas como tú, que acabas de leer este reconocimiento, un recuerdo emocionado para nuestra querida compañera. Descansa en paz, Isa.

(*) Presidente del Grupo Social ONCE