Munera pincha una gran faena en su confirmación en Madrid

Pedro Belmonte
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Juan Manuel Munera, en el momento de confirmar la alternativa en Las Ventas. - Foto: EFE

El descabello impidió que el rejoneador albacetense lograra ayer un importante triunfo en Madrid

Juan Manuel Munera hizo el paseíllo ayer con Dámaso en la corrida celebrada en Las Ventas, todo un preludio de lo que podía ser una gran tarde para el rejoneador de          Villarrobledo.
Confirmó a lomos de Misterio,  con el que clavó dos rejones arriba muy jaleados por el público, llegándole muy cerca, a un toro que tuvo el defecto de irse a las tablas, sin querer pelea en los medios. Con Dámaso en banderillas llegó el mejor momento de Juan Manuel, templando con la grupa llevándolo muy cosido a la montura. Clavó de poder a poder, llegándole muy cerca al de Cortes de Moura, que sólo permitía las cercanías, levantando ovaciones muy sentidas en la plaza. Muy templado de costado, demostrando que el caballo con el nombre del Maestro, no es una casualidad, lleva el nombre apropiado, valiente, con vueltas en la cara, que alcanzaron momentos muy calientes en los tendidos casi llenos de Las Ventas. 
Otro momento importante lo consiguió con Arrebato, un castaño muy valiente, con el que le llegó al máximo, sin que el toro le diese facilidades, al quedar muy parado. Escándalo fue la montura que utilizo para el último tercio, clavando un rejón arriba que no fue suficiente, ya que pie a tierra necesitó de tres descabellos para terminar con Pueblo, un toro que no pasará a la historia por su bravura y acometitividad. Una pena que la buena faena de Munera se diluyera con los pinchos.
Diego Ventura es Dios en Madrid, pero se lo tiene ganado, los caballos son una prolongación de sus piernas, y el público lo adora, sobre todo cuando le quita la cabezada a Dólar, con quien hace maravillas. Su toro fue similar al primero, pero hay que tener bula para que todo se le admita. Rejón bajo con derrame y la plaza un clamor para pedir la oreja, que el presidente concedió.
El mérito de Leonardo Hernández es evidente, un torero que a punto estuvo de quedarse fuera de esto, no fue óbice para que su superación le hiciese salvar su carrera. Ayer anduvo centrado, valiente y con todos los mimbres para un gran cesto, llegándole al toro, sin que el animal fuese un dechado de bravura , templando, toreando con la grupa y costado, clavando arriba y sin apreturas, lo que hizo que la plaza le premiase con una oreja ganada a ley.

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