Pequeños gestos que se convierten en grandes logros

SPC
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Reciclar es una de las actividades cotidianas y necesarias para iniciarseen una vida más ecológica, donde la población debe gestionar bien losresiduos y reducir el consumo irresponsable e irracional del plástico

Pequeños gestos que se convierten en grandes logros

Es necesario ponerse en marcha. Sobran los motivos. No dejamos de ver basura en los océanos, ríos llenos de desperdicios, ciudades cuyo aire es irrespirable, plagas de insectos, usos inapropiados de productos tóxicos...
Es prácticamente inevitable vivir en la actualidad sin producir ningún tipo de residuo. El ser humano es el único culpable en este sentido. Acciones tan sencillas y cotidianas como pueden ser comer o asearse llevan implícitas una serie de desechos inevitables. 
La clave radica en mejorar los hábitos diarios para iniciarse en un modo de vida más ecológico y podamos reducir la huella para que no perdure el consumo insostenible de importantes recursos naturales y, por extraño que parezca, todo pasa por gestionar dichos residuos. Muchas veces es el hombre el único responsable de producir una gran cantidad de residuos y la mayoría de las veces parece que se resiste a reciclar. En un futuro esta obviedad irá en su contra, le perjudicará al ciudadano y al medioambiente, tanto a corto plazo como a largo. 
¿Qué tipo de planeta tenemos y cómo se lo van a encontrar las próximas generaciones? 
Reciclar se ha convertido en un pequeño gran gesto, que forma parte de la práctica de un consumo responsable que hará disfrutar de un planeta espléndido con sus verdes y azules profundos para la población del presente y la venidera. 
Las reglas de las ‘erres’. Hoy en día desde bien pequeños se crean su propio diccionario medioambiental. La regla de las tres erres se ha ampliado y a las tradicionales reutilizar, reciclar y reducir, se han sumado otras como reparar y regular, e incluso podrían agregarse rechazar y regalar.
Surgen miles de ejemplos para reutilizar. Es importante pensar en dejar de usar artículos de un solo uso, emplear cepillos de dientes, cosméticos o perfumes recargables, lavar menos la ropa, emplear servilletas de tela en vez de papel, guardar el aceite de unas patatas fritas para otras comidas, regalar los zapatos que nos quedan pequeños.
Acudir al punto limpio y a los contenedores de colores no deja de ser un eslabón en una inmensa cadena. Comprar, separar y tirar donde nos digan. Reciclar es una forma de rediseñar la mente para dar un nuevo uso a esos artículos que quedaron en el olvido y que a través de una nueva transformación pueden ser aprovechados en una nueva vida. 
Desde hace tiempo se ha puesto de moda el reenvasado de los productos. Magdalenas en dosis individuales de plástico, frutas en cajas de este material, carnes y pescados envueltos en otra bolsa mayor, en definitiva envoltorios que no hacen más que generar ingentes cantidades de residuos en casa. Es el cliente el que tiene la posibilidad de elegir los productos que compra y reducir este tipo de consumo irracional. 
Para analizar la erre de reparar es fácil resumirlo con una frase: «no hay nada lo suficientemente viejo o estropeado que no se pueda arreglar o usar para otro fin». 
Está claro que para que se lleven a efecto las anteriores erres debe haber una regulación, no únicamente de gestión de residuos, sino también de los mercados. 
Los dos vocablos añadidos sirven para aprender a rehusar o rechazar todas adquisiciones temporales (plásticos, productos embalados, coches contaminantes) y optar por aquellas con una prolongación temporal mucho más larga. Y regalar. Esta es la más satisfactoria, porque se puede hacer feliz a otra persona por el mero hecho de obsequiarle con un artículo antes de desprenderte de él. 
malas huellas. Una mención especial merece este tema. El pasado 3 de julio, Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico, fue un día para reclamar de forma fehaciente la desaparición de las bolsas de plástico de usar y tirar. El planeta está siendo testigo de su expansión por todos los rincones y son varias empresas, supermercados y otras firmas las que apuestan por la más absoluta eliminación de estos objetos, que nos han invadido y son capaces de arruinar el ecosistema por cielo, tierra y mar.
El polietileno, poliestireno y polipropileno son los microplásticos más abundantes de las aguas costeras del Mediterráneo. Se desconocen aún las consecuencias de ingerir microplásticos, pero según distintos estudios científicos uno de los primeros síntomas sería la inflamación, ya que el cuerpo humano lo tomaría como algo extraño. Para ello, son primordiales poner en marcha diferentes campañas de información y prevención para que esto no siga ocurriendo, además de que el reciclaje de todos los plásticos sea una realidad. Es fundamental en este aspecto que los gobiernos nacionales, regionales y locales se impliquen de una vez por todas, tanto en la recogida selectiva de los plásticos y darles otros usos. 
Un informe de Greenpeace alertó el año pasado de que solo se recupera un 25 por ciento del plástico que utilizamos e instó a reducir su consumo como mejor alternativa. Hoy diremos no a la bolsa de plástico al hacer la compra. La concienciación empieza por uno mismo. Con un pequeño gesto.