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Enrique Belda

LOS POLÍTICOS SOMOS NOSOTROS

Enrique Belda


Talibanes y otros pasos atrás

28/12/2021

A medida que el poder se fue civilizando, nuestros ancestros arbitraron una serie de reglas para legitimar el uso de la fuerza. Apelaban a la defensa de su tierra, familia o de su Dios para marcar un código, escrito en la ley o en la costumbre, que les permitiera ser violentos de una manera aceptable. Tras el sangriento siglo XX parecía que el ser humano había encontrado el criterio justo y comúnmente aceptado, que le permitía acabar con la vida de otro o, en general utilizar la fuerza dotado de razón: ese criterio es la defensa propia, que incluye no solo la reacción para proteger la propia vida e integridad física, también el resto de los derechos que tenemos como seres humanos. Lo que ha ocurrido en las últimas décadas es que se ha generalizado un proceso de desafección frente a este avance de siglos, consistente en decir, desde concepciones extremas de la religión, la filosofía o la ideología, que todo eso de los derechos humanos (el derecho a la vida incluido), es algo propio de occidente y de su colonialismo del pensamiento, y que esos patrones no se pueden imponer como universales.
Dentro de nuestros países sólo hay que ver la simpatía que este revisionismo acumula en determinados de nuestros conciudadanos. En esta dinámica de retroceso de nuestros valores, los integristas religiosos sustituyen, por imposición, el imperio de los derechos humanos por la tiranía de los libros sagrados de sus religiones. Ello permite justificar cualquier acto que salga de los mismos, apelando a interpretaciones que se hacían mil años atrás (dada la inmutabilidad de sus recetas originarias, en las mentes integristas). El último paso, ha sido simplemente convencer a sus cerriles y analfabetos adeptos que toda la vida se ha matado al adversario por ideales, y que por tanto no son terroristas: tan solo soldados que, por añadidura tienen más razón tras de sí que los oponentes, pues una ley democrática es irrelevante frente a la palabra de Dios revelada. Estamos desguarnecidos mientras los sigamos tratando como locos terroristas, para justificar con ello la imposibilidad de defendernos porque no actúan racionalmente. Lo cierto es que actúan con una lógica rescatada de las confrontaciones religiosas de mil años atrás, y nosotros les correspondemos, como no puede ser de otra manera, con instituciones fruto de la evolución y la razón.
Puede que, para comenzar a enfocar mejor el tema, las sociedades occidentales debamos pasar de considerarles locos satánicos a seres humanos medievales, cuyas consignas y enseñanzas han de extirparse con determinación de nuestras escuelas e instituciones, pues la libertad religiosa o de enseñanza no puede servir como velo de protección para que se perpetúen comportamientos y concepciones bárbaras. Y por supuesto, que los tratemos como un problema pues, aunque son fruto de la incultura y la irracionalidad de sus mayores y sus pastores, sus potenciales víctimas somos nosotros, que no podemos esperar a que ellos evolucionen en unos años lo que no han evolucionado en siglos.

ARCHIVADO EN: Siglo XX, Derechos Humanos