Retazos de un pasado que cambió España

SPC-Agencias
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Hoy ya son adultos, pero aquel 20 de noviembre de 1975 vivieron la muerte de Franco siendo todavía unos niños que abrían bien los ojos ante un momento crucial que daba paso a un futuro incierto pero lleno de oportunidades

Retazos de un pasado que cambió España

«Españoles: Franco ha muerto». Con esta frase que ha pasado a la Historia de España los ciudadanos recibían un 20 de noviembre de 1975 la noticia del fallecimiento del dictador que dirigió los destinos del país durante más de 35 años.
Cuarenta y cuatro años después, la exhumación de sus restos del Valle de los Caídos hasta el cementerio de El Pardo, a unos 15 kilómetros de Madrid, donde está enterrada su mujer, Carmen Polo, trae de nuevo a la memoria de los españoles aquella fecha.
Los que ya tenían una edad recuerdan con detalle los acontecimientos de esos días, desde el anuncio televisivo en boca de un compungido Carlos Arias Navarro, quien ejercía de presidente del Gobierno durante la dictadura franquista, a las exequias fúnebres y el posterior camino hacia la Transición democrática.
Retazos de un pasado que cambió EspañaRetazos de un pasado que cambió EspañaPero existe una generación que vivió su muerte cuando eran niños y otra cuyos recuerdos están hechos de retazos, ya que nacieron inmediatamente después. Son la primera generación sin memoria.
Mercedes tenía ocho años cuando Franco murió y se acuerda «perfectamente» de los días previos, «eso de estar pendientes de los telediarios siguiendo la evolución de su salud». También del día en que falleció: «no fuimos al colegio, por tanto para nosotros fue fiesta».
En su memoria quedaron también «las largas colas que se veían en la tele de la gente que iba a darle el último adiós y de cuando Arias Navarro lo anunció, porque me conmocionó mucho su cara de pena».
Quizá más que de la muerte, Mercedes tiene un recuerdo más vívido de cada cuatro de diciembre, fecha en la que tanto Franco como ella celebraban sus cumpleaños.
«Siempre había algo especial, no recuerdo muy bien qué, no se si no había clases por la tarde o algo así, a parte de que se decía en todos los telediarios, algo especial había que yo estaba agradecida de que pudiera celebrar mi cumpleaños con más emoción», relata cuatro décadas después.
Dos años más que Mercedes tenía Rafael cuando Franco falleció y su memoria va más allá. Recuerda que, «desde el día del fallecimiento, un jueves, hasta el fin de esa semana y una semana entera más fue declarado festivo». «Y de ahí nuestra felicidad, porque pudimos jugar al fútbol y al escondite», rememora.
Mercedes recuerda los días posteriores a la muerte del dictador como «con cierta incertidumbre en mi entorno y en el país por lo que podría pasar».
«Y también la sensación de que por primera ver la ciudadanía podía ser partícipe de la política. Las sensaciones de mis padres de poder votar por primera vez, eso si que lo recuerdo bien», destaca.
A pesar de todo no es partidaria de la exhumación del dictador: «Lleva ahí 40 años. Está ahí y ya está. Remover esto implica algo que no me gusta nada y es abrir las heridas a las dos españas».

‘Dictablanda’ 

Franco murió en 1975, y tres años después nació Javier, en plena transición española hacia la democracia y casi coincidiendo con la aprobación de la Constitución en diciembre de 1978.
«Cuando era pequeño Franco era poco menos que el anticristo», describe, y «me ha flipado ver cómo con los años se ha dulcificado el relato de su dictadura por generaciones cada vez más jóvenes. Igual porque yo pertenezco a esa generación nacida inmediatamente después de su muerte y del comienzo de la democracia».
Y «nunca he entendido que en todos estos años de democracia hubiese que pasar por la carretera girando la cabeza para no ver la cruz del Valle de los Caídos y todo lo que de exaltación suya conllevaba. Haciendo como que no estaba ahí», añade.
La sensación de que con los años se ha «dulcificado» la imagen de Franco y de su Gobierno la tiene también Rafael, para quien además las víctimas de la dictadura han sido relegadas a un segundo plano.
«Y lo más importante, a Franco todavía se relaciona más con guerra civil que con dictadura, cuando debería ser al contrario. Lo que está en cuestión es lo que pasó después, y eso está demasiado reciente para muchas generaciones, Franco no ha muerto aun para una parte».
Es lo que le produce a Álvaro, de 36 años. «A veces pienso que Franco está enterrado bajo la Puerta del Sol, en pleno centro de Madrid, y que todos pasamos por ahí diariamente... pero no, está en un monte, bien lejos afortunadamente», explica.