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Fernando Jáuregui

TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Pablo Iglesias sale en los periódicos (solo un rato)

08/01/2022

¿Dónde está, qué hace, a qué dedica su tiempo libre Pablo Iglesias? Hace ahora dos años, ascendía en esta vida hasta ocupar una vicepresidencia en el Gobierno de Pedro Sánchez, que antes había dicho que no podría dormir teniéndole en su Ejecutivo. Ahora, con motivo de este aniversario, algunos periódicos, que no demasiados, han publicado imágenes de aquel abrazo con Pedro Sánchez, que daba origen al equipo ministerial más extraño de Europa.

Sé que Sánchez respiró tranquilo cuando, un año, dos meses y dos días después, Iglesias abandonó el Gobierno para ir a estrellarse como candidato de Unidas Podemos en las elecciones municipales, abandonando la política --la dejaba porque ella le había abandonado a él-- en mayo. No volverá ni a la política ni a los titulares, salvo que cometa alguna nueva extravagancia coyuntural. Allá él.

Curiosa la memoria selectiva de la colectividad. Parece como si Pablo Iglesias figurase en la lista de los reyes godos, tan lejano se nos antoja con su demodé coleta ahora ya desaparecida. Debo reconocer que su marcha tuvo una cierta 'grandeur': "ya no sumo", dijo, tras el batacazo monumental en las elecciones municipales. Entendió el mensaje de las urnas, ya que no había entendido el de los columnistas, tertulianos, políticos y una mayoría abrumadora de ciudadanos en general, que abominaban cada día de sus prácticas poco transparentes, muy poco democráticas, y de su gestión inexistente como parte principal del Consejo de Ministros.

En España (y no solo, claro) ocurren estas cosas: logras --y no le faltó mérito-- un brillo fugaz creando un partido de 'indignados' y luego te cargas, por tu vanidad e inconsistencia, tu creación. Que se lo digan a Albert Rivera, para que vea usted que no hablo solo de la izquierda-a-la-izquierda del PSOE.

Quisiera creer que con Iglesias desaparece una manera vocinglera, demagógica, de hacer política. Deja herencias dispares en el Consejo de Ministros --una buena, creo, Yolanda Díaz; las otras, Garzón, Belarra, Montero (Irene), no tanto-- y un partido que se va condenando a sí mismo a la irrelevancia a base de tratar de salir de ella dando gritos sin poner los huevos. Es la política de lo fútil, basada en la encuesta innecesaria, en las campañas publicitarias carísimas generando polémica donde no la hay.

Quienes crearon la formación morada Podemos ya no están en ella o han pasado a la clandestinidad de los titulares de prensa, incluyendo, ya digo, al padre fundador, que se ha convertido en tertuliano poco escuchado y escritor menos aún leído, no sé si en profesor muy seguido. En los cenáculos chismosos ya no importa si vive o no en Galapagar, ni cómo, ni con quién, ni por dónde anda. Sic transit gloria mundi. A Sánchez, paradoja de paradojas, hay que agradecerle que nos librara, aunque fuese de carambola, del personaje. Sin Iglesias incordiando todo el día, creo que el Gobierno ha ido a mejor.

Ojalá, en este segundo aniversario de su particular ascenso al Olimpo, Sánchez incluya en sus reflexiones que es necesario incrementar la coherencia de un equipo que quiere ser socialdemócrata y moderado y que, por tanto, tiene que soltar lastre. Una segunda parte de la crisis ministerial de julio. No porque algunos sean unos rojos peligrosos, que no lo son (rojos, digo; sí peligrosos), sino porque son unos inútiles.