El fluir de la vida en una casa

Ana Martínez
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La terapia ocupacional intenta que la vida cotidiana de Luisa y Clara esté llena de ocupaciones, no solo en el piso que comparten y gestiona Afaeps, sino en todos los ámbitos de la persona

Los usuarios de Afaeps aprenden a ocupar su tiempo gracias a prácticas terapéuticas. - Foto: Rubén Serrallé

María Luisa y Clara (ambos nombres ficticios para preservar su anonimato) son compañeras de piso desde hace año y medio, aproximadamente. Comparten espacio en una de las dos viviendas supervisadas que pertenecen a la Red Asistencial de Salud Mental de Castilla-La Mancha, pero que gestiona la Asociación de Familiares y Amigos de Personas con Enfermedad Mental (Afaeps) en Albacete capital.
Ambas jóvenes tienen 38 años y se encuentran en un proceso de recuperación para adquirir la independencia y autonomía que necesitan, con la mirada puesta en su incorporación al mercado laboral y salir de este recurso asistencial en busca de un piso de alquiler. María Luisa apenas lleva año y medio en esta vivienda supervisada que, a diferencia de otras tuteladas, funciona con la mínima intervención de educadores y terapeuta ocupacional, es decir, los inquilinos -usuarios todos ellos de Afaeps- reciben pautas y apoyo de estos profesionales cuando es necesario, pues el objetivo es que aprendan a funcionar en solitario y con la mayor autonomía posible.
Luisa solo tiene palabras de agradecimiento para Cortes Felguera, la terapeuta ocupacional del centro de rehabilitación de Afaeps que la está acompañando en su proceso de autoconocimiento: «He aprendido a hacer las tareas del hogar, a organizar mis horarios, a cocinar, limpiar…, hábitos rutinarios que para mi recuperación son importantes», relata.
Acostumbrada a la vida en familia y sin ánimo para llevar a cabo las ocupaciones de su vida, llegar a la vivienda supervisada por Afaeps le permitió empezar por la organización de sí misma, aprender a quererse y conocerse más, a descubrir el potencial que tiene como persona, a abrir sus canales innatos para ganar en seguridad, confianza y autoestima. Ella no estaba acostumbrada a compartir piso con personas ajenas a su mundo, a su entorno, a su vida, y eso dificultó su adaptación durante los primeros meses, periodo en el que también le costó hacer amigas. Superados los miedos y la inseguridad inicial, ahora se comporta de una manera «más resuelta» en este proceso de autoconocimiento que le sirve para salir adelante y conseguir una de sus metas: “Vivir de forma independiente y saber hacer de todo en una casa», dice.

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