Obesidad, memoria y flora intestinal

Jorge Laborda
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Se ha comprobado que la obesidad ejerce un efecto negativo sobre las capacidades intelectuales, en particular sobre la memoria y el aprendizaje

Imagen de archivo de una persona con un problema de obesidad. - Foto: Pablo Lorente

La pandemia de COVID-19 ha eclipsado otras epidemias que, no obstante, siguen entre nosotros. Una de ellas es la obesidad, uno de los problemas de salud pública más importantes de la humanidad. Más de 600 millones de adultos y más de 100 millones de niños son obesos.
Se ha comprobado que la obesidad ejerce un efecto negativo sobre las capacidades intelectuales, en particular sobre la memoria y el aprendizaje. Al mismo tiempo, el deterioro de las capacidades intelectuales es un factor de riesgo más para desarrollar o mantener la obesidad, por lo que ambos problemas de salud, física y mental, se retroalimentan en un círculo vicioso que sería importante romper.
Aunque es conocido que ciertas variantes de genes son un factor muy sustancial para explicar por qué unas personas son propensas a la obesidad y otras no, desde hace más de una década es conocido que las bacterias de la microbiota o flora intestinal ejercen también un importante papel. Las especies de bacterias de la flora son diferentes entre personas obesas y no obesas. Estas bacterias desempeñan trascendentales funciones ligadas a la digestión, producción de vitaminas y productos metabólicos derivados de los alimentos antes de su absorción por el intestino.
Muy recientemente, se ha comprobado que la capacidad de aprendizaje y la memoria están también afectadas por diferentes especies bacterianas de la flora intestinal. Esto puede parecer asombroso y, por qué negarlo, lo es. De alguna aún misteriosa manera las bacterias del intestino afectan a las capacidades intelectuales. El calificativo visceral adquiere, de repente, connotaciones insospechadas.
La anterior afirmación está avalada por experimentos realizados en ratones de laboratorio. Por ejemplo, en uno de estos experimentos, la pérdida de memoria generada por una mala alimentación, de tipo occidental, administrada a los ratones pudo ser impedida suplementándola con la especie de bacteria llamada Lactobacillus helveticus. El suplemento con la bacteria Bifidobacterium longum también produjo efectos beneficiosos en tareas de reconocimiento de objetos.
Sin embargo, la evidencia de que algo parecido a lo que sucede en los ratones pueda suceder en nuestra querida especie es escasa. No obstante, se ha comprobado que intervenciones terapéuticas sobre la obesidad previenen el deterioro intelectual y se ha visto que estas intervenciones causan cambios en la flora intestinal. Sin embargo, no es conocido si esos cambios en la flora son la causa de la mejora de las capacidades intelectuales o son un efecto colateral de la intervención para perder peso.
Un numeroso grupo de investigadores españoles de varias universidades catalanas y valencianas aborda esta importante cuestión mediante la realización de interesantes estudios. En ellos, evalúan tanto las capacidades intelectuales como el perfil de las especies bacterianas de la flora intestinal en personas obesas y no obesas, y comparan los resultados.

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