Festiva y efectiva misiva

A.D
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Pablo Carbonell rindió homenaje a un vecino «que tuvo aquí su cuna y su casa, un burlón, un maestro de la lengua», José Luis Cuerda

Pablo Carbonell rindió homenaje a José Luis Cuerda en su pregón. - Foto: José Miguel Esparcia

Una festiva y efectiva misiva, en forma de pregón, ofreció el gaditano Pablo Carbonell, ataviado con mono  naranja butanero y bombín en el Auditorio Municipal de Albacete para invitar a la ciudadanía a disfrutar de la fiesta intensamente y con respeto.
 Un acto en el que el cantante, actor, escritor y presentador ofreció algunos de sus éxitos, algo que no podía faltar al término de ese anuncio carnavalero y para completar la velada, la actuación de la chirigota de  Chirigoteros Pichuzos Por Soleá. 
Buen ambiente festivo, como es  habitual en el Auditorio Municipal, con una perfecta presentación de Laura Monedero; eso sí, con la interrupción en pleno pregón de un espontáneo, en este preludio festivo que también supuso un apoyo  a una institución tan querida como es el Sagrado Corazón de Jesús, Cotolengo, a quien irá destinado el importe íntegro de la recaudación. 
El alcalde de Albacete, Vicente Casañ, que valoró la fiesta de Carnaval, «que representa mucha diversión, participación y actividades para todos los gustos, parta todas las edades», entregó la Medalla de la capital y una placa conmemorativa a Pablo Carbonell y recordó que «nos gusta vivir esta fiesta tan especial con invitados de lujo como Pablo Carbonell, un torero que no estaba muerto, estaba de parranda, un artista original y maravilloso que se divierte».
Pablo Carbonell quiso, con un pregón lleno de fino humor, recordar una figura clave, dijo, ya que «hace tres semanas escasas nos ha abandonado un vecino que tuvo aquí su cuna y su casa, un cronista de nuestra época, un burlón, un hombre de letras, casi un cómico de la legua, un maestro de la lengua, un hombre con un nombre, José Luis Cuerda. Yo, que estoy leyendo esta festiva y afectiva misiva redactada a la deriva de los bandazos de mi inconsciencia, no puedo evitar mandar un abrazo a los huérfanos y hermanos de esa cumbre de sapiencia. Estos torpes fonemas con vocación de poema van por usted, admirado señor Cuerda».
Albacete, recordó Pablo Carbonell, siempre tuvo predicamento «por el brillo de sus navajas», pero «a partir del advenimiento de José Luis, el reconocimiento de Albacete es el humor inteligente, el punto surrealista y el ingenio de su gente, uniendo lo culto con lo paleto, la siega y la siembra, los boniatos y los ciegos, de vino excelso o barato y el corta y pega majadero, del astracán y el gazpacho, de conejo, tomate y pan, la greguería de Serna y la droguería con dos piernas, el disparate y el combate de los pájaros, unos y trinos, la conversación entre los pinos, la enciclopedia y el saber pueblerino y en un mismo escaparate, la velocidad y el tocino. Aportación literaria de alto respeto manchego, de sello, origen y genio del humor albaceteño».
Un humor brillante como el fulgor de una fragua, de centelleante realismo, añadió el actor.
Testigo. Repasó Pablo Carbonell el testigo que han recogido otros ilustres albacetenses, «ases de la majara baraja de la caraja,  como Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla, que rima asonante con Raúl Cimas y Pablo Chiapella que me rima, con perdón, con Pedro Piqueras, el humor amanecequenoespocosista persevera y perdura. No quiero dejar en el tintero otro talento que vio la luz en estos lares y con quien el que os habla subió dos obras a las tablas teatrales, Gabriel Olivares».
Una «glosa» de José Luis Cuerda al que Pablo Carbonell conoció en el Festival de San Sebastián, dijo,  y «no logro adivinar qué fue lo que le pregunté, pero sí que le presenté como el director más joven del festival. Su barba larga y blanca no me había logrado engañar y mi ojo clínico supo ver que de detrás de ese aspecto circunspecto se asomaba un niño dispuesto a meterle con hilaridad el dedo en el ojo a la solemnidad».
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