Un firme Sergio Serrano toreó 'en el nombre de la madre'

P.J.G
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El albacetense perdió el triunfo con la espada en una tarde en la que Palacios brilló con el capote y Carretero paseó la única oreja

Natural de Serrano mirando al tendido. - Foto: Rubén Serrallé

En el nombre del padre es una película irlandesa de 1993 basada en los casos de los Cuatro de Guildford y los Siete de Maguire, ambientada en pleno conflicto del IRA y en la que el protagonista, un joven irlandés, y su padre comparten una celda en una prisión británica por un crimen que no cometieron. El diestro Sergio Serrano y su madre se encuentran también en una cárcel ficticia del mundo del toro, él por no poder torear -ayer fue la primera vez que se vistió de luces en esta temporada- y su madre, que bien verdad es eso de que sólo hay una, por el dolor de ver a su hijo parado, sin contratos que lleguen para demostrar su valía, esa que puede lucir de año en año y porque el Ayuntamiento obliga a la empresa por contrato a contar con tres diestros locales en el abono. Un firme y consistente Sergio Serrano brindó su primera faena a su progenitora, María Dolores, pero toda la tarde toreó ‘en el nombre de la madre’, reclamando salir de esa prisión que les tiene atrapados. Su reclamo fue grande, sólo acallado por un carcelero que se materializó en la espada fallona del albacetense, ya que de haber estado certero con los aceros hubiese cortado una oreja a cada uno de sus enemigos y hubiese abandonado la plaza en hombros.
No mucho más rodados están sus dos compañeros de cartel, Andrés Palacios y Diego Carretero, pero el ya veterano diestro de la calle Salamanca sigue atesorando una clase infinita con un capote que bien vale el pago de la entrada, mientras que Diego Carretero, con menos recorrido y también en su primera tarde de luces de la temporada, puso una voluntad que le valió para pasear la única oreja de la tarde en un festejo en el que la se corrió un descastado, pero muy serio, encierro de Torrestrella, remendado con un toro de El Ventorrillo, primero, que estuvo en la línea de los astados de la ganadería titular anunciada. Demasiado hicieron los locales en un festejo en el que se registraron dos tercios de entrada.
Firme y decidido. Sergio Serrano no se anda por las ramas cada vez que hace el paseíllo en el coso albacetense y más si es en su ciclo ferial, donde ya dejó patente su sello de entrega en ediciones anteriores. La de ayer no fue una excepción y sus intenciones, de que iba a darlo todo, quedaron claras desde un principio ante sus dos enemigos, a los que se fue a recibir a portagayola, esa suerte tan peligrosa ya la que tan poco partido se le saca, pero que deja patente, al menos, la disposición. Ante su primero, con el que se desmonteraron Francisco Javier Ramos y David Gómez tras un buen tercio de banderillas, el diestro albacetense estuvo muy firme desde los primeros compases, ya que el astado no se entregó por un pitón derecho por el que le dio un susto en una colada y al que aguantó un parón en su cara como si llevara 40 tardes toreadas, cuando era la primera de la temporada. Mejor la faena con el toreo al natural, con el que llegaron los mejores pasajes de una labor que finalizó con sus ya clásicas y ajustadísimas manoletinas. La faena estaba terminada y había que ponerle la rúbrica con la espada, pero Sergio Serrano ahí si acusó su inactividad  y despachó al toro tras un metisaca abajo, un pinchazo, una estocada y un descabello. El premio voló y todo quedó en una ovación.
El segundo de su lote, al que también recibió a portagayola, fue un toro más parado y sin entrega por el pitón derecho, y nuevamente tuvo que ponerlo todo él arrancando los muletezos, hasta que cambió de mano y en el toreo al natural templó en una primera serie que caló en los tendidos y en el ánimo de un Serrano que se vino arriba para ver cómo su faena iba a más, con templados naturales en sus series, la última, mirando al tendido en cada natural. Su firmeza, su entrega y su temple levantaron una faena que caló en unos tendidos entregados al torero de la tierra, pero, una vez más, pinchó dos veces antes de dejar una gran estocada que hizo rodar al toro sin puntilla y todo quedó en una emocionante y emocionada vuelta al ruedo del diestro.
la clase de palacios. El toreo de capa de Palacios es del caro, como demostró ayer en el coso albacetense y bien vale el pago de la entrada, porque mece las manos con la suavidad de una caricia y ralentiza tanto la media verónica que parece que para el tiempo. Ahí brilló el albacetense que, ante el peor toro de el encierro, el de El Ventorrillo, realizó una faena en la que lo poco que pudo hacer ante un toro manso y huido lo realizó con clase y mucho gusto, con los mejores pasajes en el toreo al natural. Al igual que sus compañeros de terna, estuvo poco certero con los aceros necesitó de dos pinchazos y una estocada casi entera para finiquitar a su enemigo. Ante el segundo de su lote volvió a destacar con el capote, pero en su faena de muleta no se acopló con el astado de Torrestrella, al que también pinchó en dos ocasiones antes de dejar una estocada caída que le valió para escuchar otra ovación.
Completó la terna el hellinero Diego Carretero, menos rodado que sus compañeros de cartel y tuvo un primer enemigo con el que, en los primeros pasajes había que decidir el destino, que no fue el mejor, porque se sucedieron los enganchones por ambos pitones y también algún desarme que hicieron que toro y faena fuesen a menos, con el añadido de estar fallón también con los aceros. Con el sexto, otro ejemplar de Torrestrella no se acopló con el astado hasta bien pasado el ecuador de su faena, cuando llegaron los muletazos más ligados por ambos pitones, pero sin que su labor ganase en intensidad. Más certero estuvo esta vez con la espada y dejó una estocada contraria y trasera, con un posterior arreón del toro del que salió prendido. Hubo una petición minoritaria, pero el usía concedió la única oreja de la tarde.