Miseria en 'escalada'

Ana Martínez
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El Colectivo de Apoyo al Inmigrante, que repartió esta semana 58 lotes familiares y 60 individuales de alimentos no perecederos en los asentamientos de La Pulgosa y Carretera de Peñas, se queda sin 'stock' y tiene que pedir donaciones

Miseria en 'escalada' - Foto: Rubén Serrallé

Hasta la economía sumergida se ha visto infectada. Los pocos euros que sacaban a diario para sobrevivir llevan 60 días en cuarentena. Su pobreza ya era extrema, ahora solo tienen para respirar. El confinamiento en los asentamientos irregulares que se reparten por el extrarradio de Albacete les está impidiendo buscarse la vida. Ni ellos ni ellas pueden salir a pedir limosna a las puertas de las iglesias o de los supermercados, a buscar chatarra o a trabar en el tajo. Pocos eran los euros que ganaban cada mes, pero les daba para seguir tirando.
La caída de la economía, la B también, se ha hecho notar en el reparto de alimentos que cada semana entrega el Colectivo de Apoyo al Inmigrante-Acaim y Cruz Roja. «Nos hemos quedado sin existencias», dice Eva Sánchez, que una vez cada 15 días, junto a Cheikhou Cisse, cargan la furgoneta de alimentos no perecederos para cubrir las necesidades básicas de los residentes en estos campamentos. «Nosotros cubrimos los desayunos y las cenas de una semana completa», añade Eva.
La actuación del reparto de alimentos de Acaim no ha surgido por el Covid-19. Llevan años autorizados por el Ministerio de Agricultura para repartir excedentes y las toneladas de alimentos que envía el Fondo Europeo de Orientación y Garantía Agrícola (Feoga) entre la población inmigrante más vulnerable y en situación de exclusión social. Pero esta primavera ha sido excepcional, única y, esperemos, irrepetible. El confinamiento ha afectado de forma más acuciante a las personas que se encuentran en estos asentamientos irregulares, pues tampoco han podido salir para buscar trabajo, incorporarse al campo o, literalmente, buscarse la vida. Un encierro que ha provocado el desabastecimiento de alimentos de primera necesidad, hasta el punto que Acaim se ha visto obligado a hacer llamamientos a través de las redes sociales para que se hicieran donaciones con las que comprar estos desayunos y cenas. «La verdad es que ha sido sorprendente la oleada de solidaridad y donaciones que hemos tenido», afirma Eva Sánchez, quien explica que hasta finales de junio, fecha en la que llegará el próximo cargamento del Feoga, «tendremos que tirar de la solidaridad de la gente para seguir comprando alimentos y no dejarlos sin comer».
La situación en estos campamentos de migrantes es, según esta ONG, de «muchísima necesidad», pues su población, integrada mayoritariamente por subsaharianos y rumanos, son temporeros del campo, otros están en la mendicidad, algunos buscan chatarra para vender..., un dinero que les permite «subsistir», pero que no tienen desde el 15 de marzo, porque «tampoco cuentan con ahorros; a los dos días del estado de alarma ya eran el colectivo de este país con mayor precariedad».
El cierre de fronteras también se percibe en los asentamientos. Mientras cualquier verano anterior era posible que el asentamiento de la carretera de las Peñas estuviera ocupado por unos 400 subsaharianos, hoy en día no se cuentan más de 60, a juzgar por lo lotes individuales que repartió Acaim esta misma semana. «El número de personas no ha aumentado esta primavera respecto al invierno; ahora tendrían que estar el triple porque empieza la campaña del ajo, pero el cierre de fronteras y la prohibición de movilidad les han impedido venir».

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