Balenciaga dialoga con los grandes de la pintura

Inmaculada Tapia (EFE)
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El Museo Thyssen muestra el legado del diseñador vasco junto a 55 óleos de artistas como Velázquez, Goya, El Greco y Zurbarán

Balenciaga dialoga con los grandes de la pintura - Foto: Emilio Naranjo

Balenciaga supo cómo hacer que el arte respirara en cada uno de sus diseños, en sus pespuntes. En un alarde de creatividad, hizo de la sencillez y los volúmenes su seña de identidad, detalles de preciosismo que sus coetáneos supieron alabar y que ahora se pueden contemplar en una exposición magistral.
El Museo Thyssen vuelve a unir moda y pintura en una magna exposición que rinde homenaje al gran maestro Cristóbal Balenciaga (Guetaria, 1895-Alicante, 1972) y a los genios de la pintura que le inspiraron.
Balenciaga y la pintura española entrelaza, puntada a puntada, un total de 55 cuadros de Zurbarán, Goya, El Greco, Zuloaga o Velázquez «con piezas únicas de la Historia de la moda, dejando al visitante ebrio de imágenes de trazos excepcionales, con brotes de grandeza de la magia y el hechizo del modisto español», explicó ayer Eloy Martínez de la Pera, comisario de la exposición.

Balenciaga dialoga con los grandes de la pintura
Balenciaga dialoga con los grandes de la pintura - Foto: Emilio Naranjo
«Antes de Balenciaga está Cristobal, que con 12 años sabía que tenía talento para ser un gran diseñador», añadió Martínez de la Pera, junto al cuadro de la reina Ana de Austria de Bartolomé González. «La exposición trata de un personaje influyente, admirado e inspirador. No ha habido otro más grande que él, incluso sus coetáneos le apodaban el maestro».
El comisario aseguró que la moda ha estado en los museos «siempre», mientras señalaba un cuadro de Isabel de Valois para demostrarlo, «estilismo al más alto nivel», como el de Isabel de Borbón de Rodrigo de Villandrando.
Brocados de seda, cuentas de azabache, flores, tul bordado con hilos de ángel, satén, organza, visón, láminas de acetato o cloqué adamascado son algunas de las telas con las que el maestro confeccionaba diseños de alta costura completamente inspirados en retratos de la corte, como la pieza inspirada en el reflejo de la imagen de la duquesa de Alba de blanco.
Balenciaga dialoga con los grandes de la pintura
Balenciaga dialoga con los grandes de la pintura - Foto: Emilio Naranjo
«España comienza a exportar moda con Felipe II», momento en el que el negro de su vestuario inunda las cortes europeas gracias al palo de Campeche, un tono que el diseñador adopta y con el que rompe con la fascinación por la paleta de color de El Greco, que le inspiró amarillos, verdes y rojos, tonos vibrantes en sus creaciones de los años 40, que desaparecen.
Martínez de la Pera asegura que el diseñador de Guetaria ha cambiado nuestro guardarropa con formas con las que ahora «las millenials tienen abarrotado su armario», como son los cortes de pavo real de faldas o los baby doll.
Capaz de ejecutar los volúmenes más vanguardistas, Balenciaga también era maestro de la sencillez, como lo demuestra el diálogo de tres cuadros de monjes de Zurbarán, de un blanco inmaculado, que le sirven de espejo para confeccionar cuatro trajes de novia donde se refleja «la sencillez y la religiosidad».
Balenciaga dialoga con los grandes de la pintura
Balenciaga dialoga con los grandes de la pintura - Foto: Emilio Naranjo
Dos de esos vestidos pertenecen a dos mujeres muy significativas en la sociedad española: la reina Fabiola de Bélgica y Carmen Martínez Bordiú, para la que realizó su última creación de alta costura.
Con el vestido de la reina Fabiola «creó majestad desde la austeridad, gracias a la cola que surge del escote», comentó el comisario.
Setecientos metros cuadrados llenos de «luz, imaginación, de vida que salta desde la pintura», con piezas de grandes coleccionistas privados como Alicia Koplowitz o Juan Abelló, cuadros de la Casa de Alba o Carmen Thyssen, además de obras de grandes museos.
Balenciaga dialoga con los grandes de la pintura
Balenciaga dialoga con los grandes de la pintura - Foto: Emilio Naranjo
La exposición, que se lleva fraguando desde 2013, ha contado con el beneplácito del diseñador Hubert de Givenchy, del que se exhibe un sombrero que le pidió que confeccionara su gran amigo Balenciaga.
Balenciaga «nunca llegó a entender el prêt à porter porque sabía de las imperfecciones del cuerpo de una mujer. Ninguna era igual a otra y supo adaptar la tela y el diseño para soslayar esas incorrecciones», apuntó el comisario, una razón por la que consideró la moda como algo «único», «exclusivo», concluyó.


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