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El carisma de Obama asalta la cumbre

Javier Albisu (EFE)
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El expresidente de EEUU comparece, sin corbata ni guion, en la COP26, donde critica la ausencia de países como China y Rusia

El carisma de Obama asalta la cumbre - Foto: PHIL NOBLE

Cuando la cumbre del clima entra en su semana final y el recinto se va poblando de los ministros y burócratas que pulirán los detalles de una negociación importante, compleja y plomiza, los focos apuntaron ayer a un personaje sin poder efectivo, pero con un magnetismo sin igual: Barack Obama.

«Ahora soy un ciudadano privado, así que los viajes como este son un poco distintos: no me invitan a la foto de familia, el tráfico vuelve a ser un problema y no suena música cuando entro en la habitación. Pero puedo dar discursos como este sin corbata y no crear un escándalo en casa», arrancó el 44º presidente de EEUU, con el cuello de la camisa desabotonado.

Obama llegó a Escocia casi por sorpresa, sin maleta nuclear ni teléfono rojo, pero con el bagaje de haber sido el presidente norteamericano cuando en 2015 se alcanzó el Acuerdo de París, y con un carisma difícil de encontrar en la escena política actual. Le presentó Sheila Babauta, una activista de las Islas Marianas del Pacífico y miembro de la Fundación Obama. Y el expresidente puso en pie al auditorio al entrar, más cerca de una estrella del rock que de un responsable político. Sin leer un papel, durante una hora, desgranó un discurso sin anuncios novedosos pero con pegada, seis años después de su intervención en la cumbre del clima de París, que recordó que «debía de ser el comienzo, no el final».

«Se ha hecho un progreso significativo», dijo Obama, que repasó algunos de los avances logrados desde entonces y, en particular, durante la COP26, como los compromisos para reducir emisiones de metano, frenar la deforestación o dejar de invertir en ciertas infraestructuras de combustibles fósiles.

«También es verdad, que colectiva e individualmente, aún nos quedamos cortos. No hemos hecho ni de lejos lo que tenemos que hacer», sentenció. 

Sin mentarle («mi sucesor»), Obama criticó la decisión del republicano Donald Trump de retirar a su país del Acuerdo de París («no me hizo mucha gracia aquello»), una resolución enmendada por el actual inquilino de la Casa Blanca, el demócrata Joe Biden.

La parte política de su discurso la dirigió, sobre todo, hacia la audiencia doméstica, destacando las dificultades de Biden para aprobar las leyes que le permitan cumplir su promesa de reducir a la mitad las emisiones de CO2 en 2030 respecto a 2005. Alabó a su compañero de partido, trufó su intervención de halagos a los socios climáticamente responsables, como el Reino Unido, la UE, Corea del Sur o Canadá, y afeó a los grandes ausentes.

«Ha sido particularmente decepcionante ver a los líderes de dos de los países que más emiten del mundo, China y Rusia, han declinado incluso asistir a las negociaciones. Y sus planes nacionales, hasta ahora, parecen reflejar una falta de urgencia», lamentó.

«Necesitamos economías avanzadas como la de EEUU y la UE liderando este asunto. Pero también sabéis que necesitamos a China e India. Necesitamos a Rusia, al igual que necesitamos a Indonesia, Sudáfrica y Brasil. No podemos permitirnos a nadie al margen», zanjó.