Explosión de primavera en el Jardín Botánico

V.M.
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Pablo Ferrandis, director gerente de este tesoro de la biodiversidad, destaca la eclosión natural registrada durante estas semanas, desde la espectacular floración de almendros y cerezos a la magnolia tulipán

La espectacular magnolia tulipán presenta grandes flores moradas. - Foto: J.B.C.L.M.

La naturaleza continúa sus ciclos ajena a la pandemia y el Jardín Botánico de Castilla-La Mancha da muestra estas semanas de la plena explosión primaveral, materializada en la floración de muy diversas especies representadas en distintos ecosistemas.

El catedrático de Producción Vegetal Pablo FerrandisGotor, director gerente del mismo, comentaba a La Tribuna de Albacete que al inicio de la crisis originada por el coronavirus se organizó, con la autorización y medidas de seguridad pertinentes, un equipo de servicios mínimos de jardinería para el mantenimiento de sus colecciones de plantas. «Se trataba -advierte- de salvaguardar este tesoro de biodiversidad ubicado en la ciudad, formado por cerca de 28.000 plantas vivas pertenecientes a unas 2.100 especies; así que, de un día para otro, cinco jardineros y la dirección nos hemos convertido en testigos discretos, a puerta cerrada, de uno de los espectáculos más hermosos que se pueda contemplar en nuestra ciudad, representado por la explosión primaveral de flores en las colecciones vegetales consolidadas y cuajadas de este museo vivo»

«El superorganismo en el que se ha transformado el Jardín Botánico -prosigue- despliega ese guiño sensual que las plantas angiospermas repiten cada año, desde hace más de 100 millones, a los insectos polinizadores. De hecho, se ha convertido espontáneamente en un centro de atracción y acumulación de biodiversidad animal, una isla de efervescencia biológica en mitad de la yerma extensión de pavimento que domina el medio urbano, gracias a su riqueza florística y a su manejo integral. Llegada la primavera, los insectos se prodigan en cada rincón del jardín, como no se ve en otro lugar de la ciudad; las aves -verdecillos, mirlos, currucas, carboneros,…- pululan profusamente entre la fronda; las ranas que pueblan por cientos las lagunas croan frenéticamente. Así, el Jardín Botánico despierta y se engalana en medio de la quietud impuesta por la cuarentena. Con más fuerza si cabe, por la soledad con la que este año se despereza».

El Jardín Botánico de Castilla-La Mancha se extiende sobre una superficie de siete hectáreas, junto a la Vía Verde que conduce a la Pulgosa. Una amplia plaza semicircular recibe al visitante, donde nuevas plantaciones de olivos, almendros, arbustos aromáticos y esparto evocan la mediterraneidad imperante en Castilla-La Mancha. El paseo principal arranca al frente y cruza el jardín en su eje longitudinal central, dejando a la izquierda la zona dedicada a las colecciones de plantas útiles que impulsaron pueblos y civilizaciones a lo largo de la historia.

Ferrandis desvela que «aquí se exponen estas colecciones, ordenadas en parterres, plantas alimenticias, industriales, ornamentales, medicinales y huertos tradicionales. Los almendros y cerezos ya tapizan apretadamente sus ramas con flores rosadas y blancas; los membrilleros llenan su copa de flores redondas, más dispersas; muchas bulbosas como narcisos, lirios y tulipanes exhiben vistosas flores apicales, de formas y colores caprichosos; el naranja de las caléndulas y el violeta de las doncellas dibujan sobre verdor de la hierba un cuadro impresionista; las grandes flores malvas de las paulonias se arremolinan llamativas en racimos; las habas florecen discretamente Hay también en este margen del paseo una colección sistemática y un gran invernadero de exhibición con colecciones de helechos, planifolias tropicales, carnívoras y suculentas».

En el margen derecho se extienden las representaciones de ecosistemas naturales de Castilla-La Mancha y las colecciones de plantas silvestres. «Entre los primeros se han recreado hasta 40 hábitats, incluyendo las lagunas kársticas -Ruidera- y endorreicas -Tablas de Daimiel- que salpican la región, además de sabinares de parameras calizas, vegetación de márgenes fluviales, alcornocales de los Montes de Toledo, arenales interiores, estepas yesosas, saladares continentales, entre muchos otros. Los durillos, coronillas, estepas, pítanos, romeros, tomillos, carraspiques, inhiestas, mastuerzos, jarillas, zamarrillas, chupamieles, carrasquillas, jaboneras, erodios, peonias… se encuentran ya en plena floración, y tiñen la masa vegetal de salpicaduras multicolores. Entre la flora silvestre destaca la presencia de especies vegetales en peligro crítico de extinción -tan amenazadas como el lince ibérico- tales como el pítano, la estrellica de Cordovilla, el tabaco gordo, o el rabo de gato de Abenuj, que crecen y florecen con vigor».

la magnolia-tulipán. En este punto, hace hincapié en que hay en el jardín una planta que llama la atención sobre todas las demás: se trata de la magnolia-tulipán, un arbusto-arbolillo de floración espectacular al inicio de la primavera. «Sobre el extremo de cada uno de sus múltiples tallos erectos -destaca-, desprovistos todavía de hojas, brota una flor grande y solitaria, de un púrpura intenso, a la manera de un tulipán».

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