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«El expolio se sabía y se sospechaba que fue Breuil»

E.F
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«En 1928, el propio Abate reconoció en un artículo que arrancó la figura de una cierva en Minateda»

Alexis Armengol, arqueólogo e historiador. - Foto: A.P.

Todo comenzó con la pandemia. Alexis Armengol, licenciado en Historia del Arte por la UCLM, se tuvo que replantear el Trabajo de Fin de Máster en Técnicas Avanzadas de Investigación en Prehistoria y Arqueología que preparaba en la UNED, porque las restricciones de movimiento  del Estado de Alarma le impedían hacer trabajo de campo.  Así comenzó una investigación que le llevó a descubrir el paradero de la Cierva del Abrigo del Canalizo del Rayo y a señalar como presunto autor del expolio a uno de los popes de la arqueología, el abate Henri Breuil.

Según sus investigaciones, el expolio tuvo lugar en 1915. ¿Cómo es que ahora sale a la luz?

Bueno, el expolio ya se conocía y se sospechaba que el autor era Breuil, pero una cosa es saberlo y otra cosa es demostrarlo. Además, el objeto inicial de mi investigación no era documentar un expolio, era y es una investigación de tipo historiográfico sobre las investigaciones realizadas en Minateda no solo por el Abate Breuil, sino por todos los que investigaron este yacimiento, que dejaron estudios, monografías, calcos, colecciones materiales a lo largo de  mucho tiempo, en torno a un siglo.

¿Y cual fue el primer indicio cierto?

Mi trabajo se basa en contrastar la documentación que dejan tras de sí todos estos investigadores. Durante  mi seguimiento de los trabajos realizados por Breuil, me encuentro que en 1928, el propio Abate reconoció en un artículo que arrancó la figura de una cierva en Minateda y se la llevó a Francia. Lo hizo en el primer número de Archivo de Prehistoria Levantina, publicación hoy digitalizada y de libre acceso por la red.

¿Y podía hacerlo? ¿Cuál era el grado de protección del Patrimonio en España en aquella época?

Breuil visitó Minateda en 1915, a instancias de Federico de Motos, un arqueólogo de Vélez Blanco que tenía noticias del Abrigo de Minateda por un prospector que trabajaba para él, que se llamaba Juan Jiménez. En España ya estaba en vigor la Ley de Excavaciones Arqueológicas de 1911 que prohibía sacar de nuestro país ningún objeto de valor arqueológico sin permiso de las autoridades. Lo que pasa es la supervisión de los trabajos arqueológicos sobre el terreno correspondía a las Comisiones Provinciales de Monumentos, y las de unas cuantas provincias como Albacete solo existían formalmente, sobre el papel, pero no estaban operativas. En el caso de Albacete, su Comisión no se recompuso hasta 1927.

¿Y en qué estado se encontraba la arqueología de aquella época?

Era la época de transición entre los caballeros aficionados y los científicos. Federico de Motos era un buen ejemplo, era farmacéutico de profesión aunque la pasión de su vida era la arqueología. De hecho, cuando llega a Minateda, le pide permiso a Breuil, entonces ya considerado una autoridad, que le deje excavar 17 tumbas, cuyos hallazgos vendió después al Museo de Albacete. Lo cierto es que estos hombres hicieron mucho por el conocimiento científico, pero no tenían la misma mentalidad, medios y formación de hoy, por lo que a veces hicieron cosas que ahora serían inaceptables para cualquier investigador serio.

Así que Breuil no fue el único que se llevó piezas. 

Exacto. Le pongo un ejemplo, el de Juan Cabré, que colaboró con Breuil y que también trabajó en Albacete, pues fue quien hizo los calcos de las pinturas de la Cueva de la Vieja de Alpera. En 1909, se llevó varias inscripciones ibéricas de la Muela de Peñalba, en Teruel. Primero se las llevó a su casa,  y después se las vendió al Museo de Arqueología de Cataluña. También le vendió en 1918 a ese mismo museo varios paneles de Arte Rupestre Levantino que extrajo  del Abrigo de la Roca de los Moros. Hoy esto no es solo inconcebible, sino del todo ilegal. 

Volvamos a Breuil. ¿Cuántas piezas se llevó de España?. 

De Castilla-La Mancha, se llevó tres piezas: la de Minateda, en Albacete, y dos más de Ciudad Real, de Fuencaliente y de  Solana del Pino. Otras tres se las llevó de Extremadura y el resto, hasta 16 piezas, proceden de Castilla y León. No todos los casos estaban documentados; en algunos casos, ni siquiera las autoridades tenían conocimiento. Tampoco todos los datos eran del todo exactos, la cierva estaba catalogada como procedente del Barranco del Raego cuando la referencia exacta es Canalizo del Rayo.

¿Y cómo se pudo seguir la pista a las 16 piezas hasta llegar al Museo de Arqueología Nacional de Francia?. 

Porque formaban parte del legado de Breuil y había un rastro documental, aunque no exento de contradicciones. El Museo sostiene que Breuil hizo una donación de todo lo que se trajo de España en 1939, pero la primera referencia que hallé sobre la existencia de estos materiales en sus fondos es de 1975, cuando Breuil ya había fallecido, en 1961.

¿A qué se pueden deber estas discrepancias en las fechas?. 

A que el legado de Breuil no llegó directamente al Museo tras su muerte.  Breuil y su colaboradora más próxima, la arqueológa escocesa Mary Boyle, tenían un acuerdo con un editor británico para publicar su biografía y una gran monografía sobre Minateda que nunca llegó a publicarse, porque el Abate falleció. Cuando también muere Boyle, todo pasa a manos del editor y es sólo cuando éste último muere que su viuda le dona todo al Museo Nacional de Arqueología de Francia.

¿Y ahora qué? ¿Qúe va a hacer con su descubrimiento?. 

Mi intención es hacer el Doctorado y para ello espero tener acceso a las piezas. Como científico, debo mantenerme al margen de todo el revuelo que se ha organizado pero debo admitir que no me sorprende. En toda Europa hay una sensibilidad cada vez mayor hacia la restitución de los bienes culturales; recientemente, el presidente Macron anunció la restitución a varias naciones africanas de varias piezas que llegaron a Francia durante el período colonial. En mi caso, ya me he puesto en contacto con la conservadora del Museo y debo decir que su actitud ha sido muy cordial, creo que hemos sabido separar los aspectos científicos de los políticos y burocráticos.