Miedo a la llamada

Esther Frías
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Detrás de cada estadística traducida en picos o en curvas planas hay una vida que se ha ido. Rabia, culpa, negación, y un dolor que, a veces, parece incompatible con la vida. ¿Cómo puede sobrevivir la gente a este dolor?

Personal de la funeraria de Toledo se encarga del traslado de dos féretros de la zona de túmulos del hospital Virgen de la Salud. - Foto: Yolanda Lancha

Recuerdo exactamente la primera vez que oí hablar de ‘la llamada’, ha pasado mucho tiempo. Entonces, era estudiante de periodismo, y ahora acabo de cumplir 49 años.
Compartía habitación con una amiga, y una noche le pregunté  a qué tenía más miedo  en la vida. A ‘la llamada’ me respondió, esa llamada en la que te dicen que un ser querido ha muerto.
Recibí la llamada hace 7 años y 9 meses. Estaba de viaje en Copenhague, cruzaba un paso de cebra y sonó el teléfono. Una psicóloga del SAMUR, en Madrid,  me decía que Antonio había entrado en parada cardiorrespiratoria, que estaban intentando reanimarle. El mundo se detuvo. Al segundo, se puso en marcha de nuevo, pero ya era otro, era un mundo sin él.
Hay frases hechas que se escuchan mil veces pero que solo se entienden si se viven en primera persona. ‘Duelo’. Nunca había reparado en esta palabra hasta sufrir su significado. Rabia, culpa, negación,  y un dolor que, a veces, me parecía incompatible con la vida.
¿Cómo puede sobrevivir la gente a este dolor? La respuesta también me llegó con una llamada. Pero, en esta ocasión, la llamada la hice yo.
Marqué   91533 52 23, el número de teléfono del centro de escucha San Camilo. Me llamo Esther  -dije-  se ha muerto Antonio, mi novio, y  me pusieron en contacto con Valentín. Él escuchó mi historia y  me sumergí en el duelo.
Son las 18,14 horas del último día de abril de 2020, oigo  una ambulancia, otra más, no paran, no las cuento. En tiempos de Covid-19, lo que sobran son datos. Tecleo en Google. 26.621 fallecidos con Covid-19.
Todos sabemos interpretar las cifras, detrás de cada número hay una vida que se ha ido. Detrás de cada número, ‘la llamada’.  Reacción de incredulidad, señal  que anuncia el tsunami de dolor que llega.
Hay cientos de psicólogos que escuchan a quiénes acaban de perder a uno o varios seres queridos con Covid-19. Decido entrevistar a quien conoce las historias que hay detrás de cada estadística traducida en picos o en curvas planas. Le pido entrevistar a uno de ellos. La idea, en realidad, es escuchar a quién escucha.  
Marco el número de Valentín,  nos saludamos, le pido que se presente, y nos cuente.
Soy Valentín Rodil, psicólogo, responsable de la Unidad Móvil de atención en crisis y duelo en el Centro de Escucha San Camilo.  El centro de escucha es gratuito, y atendemos llamadas de cualquier punto de España. Antes lo hacíamos de manera presencial, pero desde marzo, no queda otro remedio que hacerlo por teléfono o por vídeo llamada.
Mi trabajo, como sabes, es acompañar en el duelo a personas que, como tú en su día, llaman al Centro de Escucha porque sienten que se les ha roto la vida. Y para poder acompañar en el duelo, antes tienes que formarte y  trabajar actitudes como la acogida incondicional o la empatía. No basta con la intención de ayudar, necesitas estar preparado para ello.
Acompañar en el duelo es ponerse delante de la gente sin querer solucionar su vida. Esas personas ya tenían una vida antes de conocernos, lo que ocurre es que ahora esa vida se le ha derrumbado, y llegan con un inmenso dolor. Se necesita establecer una relación  que les haga sentir que interesan, que importan, y que pueden desplegar todo lo que están viviendo y encontrar poco a poco sentido a las cosas. Lo que uno hace es convertirse en una especie de boya en la travesía por el duelo de esa persona.