Adiós al crimen perfecto

SPC
-

Los avances tecnológicos permiten a la Guardia Civil concluir que a Sheila Barrero la asesinó presuntamente su exnovio hace 15 años cuando la joven regresaba a casa después de una noche de trabajo

Adiós al crimen perfecto - Foto: Thawornnurak

Veintiseis minutos. Ese es el tiempo que se tarda en recorrer la distancia que separa la localidad leonesa de Villablino del municipio asturiano  de Degaña. Cada fin de semana, la joven Sheila Barrero cubría ese trayecto en varias ocasiones para acudir desde la casa de sus padres hasta un pub en el que trabajaba esporádicamente como camarera para ganar un sueldo extra que sumar al que percibía en su empleo oficial en una agencia de viajes de Gijón.
 El 25 de enero de 2004 fue la última vez que aquella chica que se había licenciado poco antes en Turismo se montó en su Peugeot 206 para regresar al hogar familiar. Curiosamente, esa vuelta a casa no estaba prevista. Su coche estaba estropeado y pensaba quedarse a dormir en el domicilio de su hermano. El destino quiso, sin embargo, que el hijo del mecánico que estaba arreglando el vehículo se pasase de madrugada por el bar en el que Sheila trabajaba para entregarle las llaves porque la reparación estaba acabada. Así, la joven echó la persiana del pub a la hora habitual y, después de tomar un refresco con sus amigos para despedir la noche, comenzó el camino de regreso a Degaña. Jamás llegó a su destino. Algo o alguien consiguió que la joven detuviera su vuelta a casa en el alto de La Collada, situado a mitad de camino.
En el domicilio familiar, la preocupación tardó en desbocarse, porque sus padres pensaban que su hija había dormido en Villablino en casa de su hermano. Pero cuando el otro vástago les confirmó que no, que Sheila volvió a Degaña tras su jornada de trabajo, las alarmas se dispararon.
Su hermano, alertado ya de la extraña ausencia de la joven, realizó el mismo trayecto que el que se supone que había hecho ella. Y, al ver un coche muy parecido al Peugeot 206, temió que Sheila estuviera indispuesta o dormida. La realidad que se encontró fue mucho peor: estaba muerta. La joven se encontraba en el asiento del copiloto, con un solo disparo en la nuca, realizado a cañón tocante y desde el asiento de atrás. Sus pertenencias seguían en el coche, por lo que el robo fue descartado. Lo único extraño en el vehículo era una bufanda negra que nadie ha reconocido como suya todavía.