Pedro Landete se siente orgulloso embajador

Emilio Martínez
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El también investigador dice que el futuro de su vida pasará por trabajar en Albacete y ayudar a su gente

Imagen del neumólogo Pedro Landete Rodríguez. - Foto: Carlos Paverito

Es difícil encontrar a algún paisano de la diáspora con tal pasión por la tierra, algo de lo que ha presumido siempre que los medios de prensa se han ocupado de él. Y lo han hecho mucho desde que el pasado mes de marzo el neumólogo Pedro Landete Rodríguez fue uno de los héroes que se jugaron la vida trabajando, a destajo, con los centenares de infectados en el Ifema contra el coronavirus. Algo a lo que, con su sencillez y modestia más allá de la deontología médica, no da importancia ni presume: «Era y es la obligación». De lo que, como queda dicho en el primer párrafo, sí se muestra orgulloso es de «intentar tener los merecimientos suficientes para ser un digno embajador de Albacete». 
Pero, como a Larra y a los ilustrados a los que les dolía España, a él con su tierra le duele que algunas de nuestras  mejores cosas -«paisajes, pueblos, gente y sobre todo gastronomía y vino», puntualiza- no sean conocidas como se merecen. «Algo en lo que», considera, «la gente de otras regiones y provincias nos llevan mucha ventaja». No obstante, con una ya larga década ejerciendo como destacado neumólogo fuera de la misma –tras sus brillantes notas en la que califica como una de las mejores Facultades de Medicina de España, «y los resultados globales así lo confirman», dice, la nuestra de Castilla-La Mancha -en Alicante y ahora en el prestigioso Hospital de la Princesa de Madrid, Landete cree que este asunto está cambiando para bien. «Hasta hace pocos años no hemos sabido darle toda esa relevancia hacia el exterior». 
E insiste en que tenemos muchas cosas que enseñar al mundo, pero que primero «debemos creérnoslas nosotros». Y, repasando el largo listado de estas cosas, junto a las ya expresadas en el párrafo anterior, encuentra al menos dos asuntos en los que sí se nos valora en el resto de nuestro país. Uno, la Feria, que no podremos disfrutar este año, pero que estima que nacionalmente es conocida y valorada, a pesar de la excesiva masificación de los últimos años. Pero de la que presume que no sabe de nadie –«y yo he llevado a mucha gente», precisa- que después de conocerla no se haya ido diciendo que es la mejor y que tiene que volver.
Eso sí, regresa a la suspensión de este año, que particularmente le molesta más porque a la que será su segunda hija, Paula, que está previsto nazca a mediados de agosto, quería llevarla entre el 7 y el 17 de septiembre al paseo, los redondeles y a ver a la Virgen de los Llanos, como ya hizo con su primer vástago, Carlos. «En tal aspecto va a ser muy triste», comenta, pero entiende la suspensión «porque tenemos que ser prudentes y proteger a nuestros mayores y personas frágiles de esta pandemia».
Y, aun con cierta resignación, se muestra convencido de que el día 7 de septiembre «todos los albaceteños de una manera u otra celebraremos con nuestros más allegados el inicio de nuestra propia y particular Feria». El otro asunto que ha hecho famoso a Albacete más allá de las fronteras provinciales y regionales, es el humor tan típico y tan propio, algo que para un embajador ejerciente como él le llena de optimismo.
«Creo que nace de la sencillez, humildad y humanidad que nos riega a todos los manchegos en general y a los albaceteños en particular. En la actualidad es un honor contar con tantos buenos cómicos al frente del humor nacional». Y aprovecha para rendir un pequeño homenaje a uno de los mejores directores de cine español, José Luis Cuerda, quien falleció en el Hospital de la Princesa, donde Landete trabaja: «Gracias a él conocemos un cine de humor pero con un trasfondo de muy alto nivel intelectual». A este gran personaje de la diáspora paisana, cuya vocación médica le comenzó ya de muy pequeño, sin antecedentes familiares directos -aunque admite que le influyó que su padre fuera visitador y su abuelo practicante en la mili- ya le quedan relativamente lejos sus miles de horas atendiendo  a los pacientes más graves del Ifema, mejorándoles el mecanismo respiratorio, a fin de poder desconectarlos del respirador deforma más rápida. Aunque es una experiencia que no se le olvidará nunca. Como directamente implicado en la lucha frente a la pandemia, entiende que el ataque del tristemente famoso covid-19 sorprendió y desbordó a los dirigentes de casi todos los países occidentales. Y que, efectivamente, si se hubieran tomado medidas antes se habrían evitado muchas de las consecuencias. Pero concluye, remedando su afición taurina, que «ahora es muy fácil e incluso ventajoso sacar deducciones a toro pasado». 
También en su faceta de científico e investigador, labor en la que cómo tantos y tantos colegas a nivel planetario, está aprendiendo día a día del virus y, agrega, «resolviendo muchas de las dudas, que no es poco». E igualmente aprovecha para defender al controvertido «experto en pandemias con un extraordinario currículum» que es Fernando Simón. Del que opina que en una situación desconocida para todos, ha mantenido la calma y con el confinamiento ayudó a la población a entender lo que estaba pasando y, lo que es más importante, evitando muchas más muertes: «Me duele mucho ver que se le critique de manera tan injusta».
Como es lógico, una vez superado el primer envite de la pandemia, y recuperada cierta normalidad anterior, es justo y necesario inquirir al paisano por los cada día más peligrosos y extendidos rebrotes, cuya causa fundamental, como explica, «es que el virus nunca se ha ido, y tenemos que seguir alerta». 
 Por ello no oculta su preocupación por ver que la gente se está relajando, sin utilizar mascarillas, no guardando la distancia social, y sobre todo olvidando lo que considera y recomienda como lo más importante: «El lavado frecuente de manos con agua y jabón» . 
Una preocupación que no se queda en la más palpitante actualidad, sino que se extiende a los próximos meses, en que tanto se pronostica un nuevo rebrote más fuerte en otoño. Aunque estima que nadie sabe a ciencia cierta cuándo llegará, si es que, como se teme, él también, llega será merced a la extensión de los actuales. «Lo que me hace pensar que es muy probable que volvamos a tener uno grande, probablemente cuando se inicie el frío, puesto que el virus permanece más tiempo de forma activa en espacios cerrados».
Donde no quiere mojarse es en el terreno de la vacuna, que en otro tipo de enfermedades ha tardado hasta diez años, aunque como este virus – «al que sólo se le podrá derrotar definitivamente con ella», cual deja claro- guarda similitudes con otros y dado que se está investigando mucho, cree que los tiempos se acortarán, «ojalá hasta el punto de que exista a finales de este año, pero no olvidemos el problema añadido de las millones de dosis necesarias y la forma en que se repartirán por todo el mundo», concluye diciendo Landete.
De momento este embajador inmerso en múltiples proyectos profesionales, incluidos los de investigación y docencia, seguirá en Madrid, ya que confiesa que por ahora no se plantea volver a Albacete. Pero adelanta que a medio o largo plazo cambiará la situación: «Cada vez suena más en mi conciencia que el futuro de mi vida pasará por trabajar y vivir en mi ciudad, y poder ayudar a todos mis paisanos con todos los conocimientos adquiridos en todos estos años fuera de mi tierra».