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Editorial

Las elecciones en Cataluña, una compleja encrucijada

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La atención mediática y política de los últimos días ha estado centrada, de nuevo, en Cataluña, restando horas de debate e información a la pandemia que sigue asolando a este país.

La comunidad catalana se enfrenta hoy a unos comicios que se han convertido en una compleja encrucijada, puesto que dependiendo del resultado de arrojen las urnas, el futuro de esta parte esencial del Estado español y de todo el país puede complicarse sobremanera.

Sobre el tapete, como siempre, como viene sucediendo en los últimos años, nacionalistas contra constitucionalistas, y en medio, cientos de miles de catalanes para los que la política ha venido a empeorar su vida, su día a día, con una serie de problemas económicos que empobrecieron a una de las locomotoras de este país. Y fue antes de que la crisis sanitaria viniera a empeorar cualquier cifra que se quiera analizar.

Hoy, tras dos semanas de bronco debate, de ataques barriobajeros entre los diferentes candidatos, y hasta con fake news de por medio, los catalanes deciden la hoja de ruta que debe marcar el devenir de la comunidad autónoma. Y esta decisión llega en un crítico momento por el Covid-19, con una participación mermada por miedo al contagio. De hecho, el voto por correo ha subido un 350%, pero a pesar de ello, se habla de que la abstención puede rozar el 50%. De todas maneras, el protagonista absoluto de estas elecciones ha sido el exministro de Sanidad, Salvador Illa, que se ha convertido en el centro de la diana del resto de partidos, independentistas y constitucionalistas, cuestionando su gestión en la lucha contra la pandemia y su marcha a Cataluña en plena tercera ola, dando cumplimiento a la estrategia electoral del líder del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

La apuesta de Sánchez y su maniobra ha puesto en el filo de la navaja al PSC y al PSOE, porque del resultado puede salir un Parlament de complicadas mayorías, y por lo tanto, que impida la formación de un Govern con garantías. Así las cosas, por un lado, si se construye un frente constitucionalista que logre una mayoría, la gobernabilidad en España será más dificultosa, porque Sánchez no podrá tirar de los secesionistas para asegurarse una legislatura sin más sobresaltos de los normales (amén de la discusión permanente con sus socios en el Consejo de Ministros, Unidas Podemos). Si el resultado es favorable a un ejecutivo independentista, volverán las pretensiones separatistas, como ya sucediera en 2017 con el referéndum ilegal y la breve declaración unilateral de independencia. Y otra alternativa, como repetir un tripartito, hoy por hoy no es probable si nos atenemos a las declaraciones de buena parte de los aspirantes a presidir el Govern. Aunque en política, hasta segar todo es hierba. Unas elecciones clave para Cataluña que llegan en el peor momento.