Portugal, contra el fantasma español

M.R.Y. (SPC)
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Costa augura un triunfo agridulce en las legislativas del domingo, tras las que pretende seguir gobernando en solitario y evitar un Ejecutivo de coalición exigido por sus socios de izquierda

Portugal, contra el fantasma español - Foto: RAFAEL MARCHANTE

Con el reciente fracaso de una unión de las dos principales formaciones de izquierdas en España en la retina, Portugal afronta el próximo domingo unas elecciones en las que el actual primer ministro, António Costa, se perfila como el ganador indiscutible en las urnas. Pero puede ser una victoria agridulce si no logra una mayoría absoluta o, por lo menos, una ventaja considerable que le permita gobernar sin tener que formar un Ejecutivo de coalición con sus hasta ahora socios de legislatura.
Si desde el PSOE de Pedro Sánchez tendían la mano a Podemos para conformar un pacto a la portuguesa, imitando la fórmula emprendida en 2015 en el país luso, donde los socialistas (PS) recibieron el respaldo parlamentario de marxistas y comunistas con el fin único de apartar a la derecha del poder, en esta nueva ocasión Costa no las tiene todas consigo y podría imitar los pasos de los progresistas españoles y acabar en un bloqueo a la española. Todo, porque el Bloco de Esquera (BE) y el Partido Comunista Portugués (PCP, que conforman la alianza CDU con Los Verdes) tienen intención de subir sus exigencias y, en caso de recibir un respaldo contundente, pretenderán entrar en un eventual Gabinete de coalición y evitar una repetición de la actual situación, conocida como geringonça.
Para continuar con su cómoda posición, los socialistas deberán sumar más apoyos que el 38 por ciento de los votos que le dan las encuestas. Y lo hacen con una campaña en la que olvidan al que hasta la fecha era su principal rival, el conservador Partido Social Demócrata (PSD), prácticamente hundido en los sondeos -a pesar de que fue el más votado en la cita de hace cuatro años, ahora los sondeos le conceden apenas un 20 por ciento de respaldos- y apelan a la «estabilidad». Así, Costa sostiene que, si su Gobierno hubiera sido de coalición, «muchas decisiones no habrían sido aceptadas por el PCP y el Bloco». «Es mejor no estropear una buena amistad con un mal matrimonio», mantuvo al respecto el primer ministro hace unos días.
«Sería un poco incomprensible que tirásemos por la ventana una solución que ha funcionado bien para caer en una situación de impasse a la española que, manifiestamente, creo que no puede ser el futuro que cada uno de nosotros desea», insistió el premier, alertando sobre el fracaso de las negociaciones entre progresistas en el país vecino, con «un Partido Socialista débil y un Podemos fuerte». 

Milagro económico

El BE firmaría un 9,1 por ciento de los votos, mientras que la CDU se haría con un 6,9 por ciento, porcentajes suficientes como para repetir la geringonça. Pero ambos bloques pretenden aumentar su influencia y, por ello, apuntan a entrar en el Ejecutivo, algo que los socialistas pretenden evitar a toda costa y que podrían intentar revalidar su actual mandato en solitario y con apoyos puntuales con el Partido de las Personas, los Animales y la Naturaleza (PAN), convertido en la revelación de la cita, tras su éxito en las europeas, con una proyección del 5 por ciento.
Por eso, el Gobierno hace suyo el llamado milagro económico portugués, por el que la nación lusa se ha colocado como un ejemplo de la recuperación en Europa, tras haber conseguido superar la crisis que le llevó al rescate financiero y lograr aumentar el salario mínimo de forma progresiva, revalorizar las pensiones, bajar el desempleo y reducir importantes impuestos. 
El fin de la austeridad y el avance de la economía nacional son sus bazas, pero entre los portugueses no se percibe esa recuperación que aplauden en la UE y el escepticismo planea de cara a la cita con las urnas. Es más, al igual que en España, hay un clamor por una solución para evitar el vacío en las zonas rurales, donde el éxodo es cada vez mayor. 
El reto es mayúsculo para Costa, consciente de que su más que segura victoria puede acabar teniendo un sabor a derrota.