«Estoy arrepentido. Ojalá pudiera dar marcha atrás»

J.M.
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Vuelve a ser juzgado el acusado de matar a su esposa, Cristina Martín, en Mora de Toledo. Solo respondió a las preguntas de su abogado. «Se me fue haciendo una bola», justificó

«Estoy arrepentido. Ojalá pudiera dar marcha atrás»

El acusado de matar a su esposa, Cristina Martín, el 5 de febrero de 2017 reconoció ayer la autoría de las dos cuchilladas, pero solo respondió a las preguntas de su abogado en la primera sesión del juicio. José Rafael G. S. se enfrenta a la petición por parte de la Fiscalía Provincial de prisión permanente revisable, la mayor del Código Penal. «Estoy arrepentido. Ojalá pudiera dar marcha atrás», indicó a preguntas de su letrado.
La Audiencia Provincial juzga esta semana por segunda vez a José Rafael G. S. por estos hechos, toda vez que la sentencia del primer juicio de esta causa que condenaba al marido a prisión permanente revisada fuera declarada nula por la Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha.
«Se me fue haciendo una bola», dijo en definitiva sobre las causas del crimen, que la defensa intenta vincular con una depresión. Y afirmó que lo llevó a estar ingresado en dos centros en fechas anteriores al crimen. «Estaba siempre en la habitación mirando al techo», manifestó sobre su comportamiento anómalo mientras no encontraba una razón que explicara el ataque a su esposa. Sí dejó claro que no se enfadó porque su esposa entrara en la habitación ni porque la hija se hubiera ido ese día con la familia materna a Madrid.
El abogado de la defensa indicó que hubo homicidio, pero no alevosía, o lo que es lo mismo, cautela para asegurar la comisión de un delito contra las personas, sin riesgo para el autor. De esta manera, intenta evitar la acusación de asesinato y la de prisión permanente revisable. Al inicio de su intervención, José Rafael reconoció la culpabilidad, pero apostilló que desconocía el significado de la palabra alevosía.
Las preguntas del abogado de la defensa hicieron que el acusado detallara que conoció a su esposa por un ‘chat’ de internet. «Nos casamos porque nos queríamos. Sigo queriendo a mi mujer», apuntó José Rafael G. S., quien llevaba unos 10 casado cuando ocurrieron los hechos. Asimismo, mencionó que tuvieron a la hija en común mediante un vientre de alquiler.
«En la casa hacía una vida normal dentro de las limitaciones», dijo sobre la capacidad de movilidad de Cristina, que podía caminar sola y jugaba con la hija, según sus declaraciones.
El acusado mencionó que se hizo cargo de la empresa que llevaba hasta entonces el suegro y se exculpó de las deudas que amenazaban al negocio. En este sentido, señaló que padecía una depresión aguda y relató episodios extraños como cuando se tomó una caja de valium o cuando estuvo desaparecido varios días mientras se inyectó morfina. No obstante, no tenía claro si tenía el propósito del suicidio.
«Deambulé de aquí para allá, loco perdido», describió sobre su comportamiento tras el apuñalamiento hasta que fue detenido por la Guardia Civil en la misma vivienda en la que ocurrieron los hechos. Así, negó que empujara a su suegra instantes después del crimen y aseguró que ella la intentó defender.

La Fiscalía: «Fue un ataque sorpresivo. No se esperaba el ataque mortal de su marido»

El fiscal provincial, Antonio Huélamo, defendió la postura del ministerio público en el juicio y aseguró que se trató de un ataque sorpresivo a una mujer diezmada físicamente a consecuencia de una operación fallida para corregir la enfermedad de Ménière. «Fue un ataque sorpresivo. No esperaba el ataque mortal de su marido», indicó el representante público sobre las circunstancias del crimen e hizo asimismo hincapié en que la víctima se había quedado en la casa con el acusado, y la simple compañía de su madre y de un bebé.
«La mujer de los ojos verdes y 39 años de edad». Así describió el fiscal a una persona de 1,65 metros de altura y apenas 40 kilos de peso. «Era una mujer joven cuando fue vilmente asesinada con dos puñaladas mortales de necesidad», apuntó el fiscal, quien detalló que existen las agravantes de parentesco y la de razones de género como justificación de la petición de la prisión permanente revisable. Así, mencionó los insultos a la víctima el día de los hechos y apuntó que Cristina no disponía de teléfono móvil aquel día porque se lo había quitado el acusado.
El fiscal puso el acento ante el jurado en la importancia de la motivación del veredicto, teniendo en cuenta que fue la razón por la que fue revocado el primer juicio, celebrado en 2019.
Uno de los dos abogados de la familia manifestó que el jurado debe evaluar si Cristina Martín  era vulnerable. «Con que le cayera una mota de polvo se desmayaba. No soportaba el frotado de una esponja», señaló ante la minusvalía reconocida de la víctima del 85 por ciento.