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Pilar Gómez

MIS RAZONES

Pilar Gómez


Nervios en Moncloa

20/12/2021

El rifirrafe que han protagonizado esta semana Nadia Calviño y Pablo Casado ha llamado la atención por su excepcionalidad. No es normal que una vicepresidenta del Gobierno se refiera al líder de la oposición como 'un desequilibrado' ni tampoco que éste responda sacando a la luz episodios muy oscuros en relación con Hacienda de su interlocutora. Hay nervios en el Gobierno y eso se nota. Hay nervios ostensibles  porque hay demasiados asuntos fuera de control. El principal, la cuestión económica. Muy poco le importa al común de los ciudadanos que Sánchez pacte con Bildu, que indulte a los secesionistas catalanes, que intente asaltar el Poder Judicial... asuntos que no van más allá del debate político y que apenas sacude las conciencias de la mayoría de la sociedad. Otra cosa es, y en esas estamos, el terremoto que están sufriendo los bolsillos de los españoles, atacados desde todos los frentes. Empezamos el año con el recibo de la luz, que no ha cesado en romper récords históricos, y se ha pasado al del combustible, la cesta de la compra, los impuestos... todo fuera de control, todo disparatado, y en plenas vísperas navideñas.
Es la economía lo que tumba los Gobiernos y no la corrupción. Rajoy no cayó en una contienda electoral porque, de haberse presentado a las urnas pese a haber estallado el asunto Gürtel, habría vuelto a ganar. Con el PP, el precio de la energía ascendió un diez por ciento y Sánchez, desde su entonces condición de líder del PSOE, exigía todos los días su renuncia. «Tiene usted que dimitir», le gritaba desde el escaño. Ahora el aumento sobrepasa el 300 por ciento y el actual presidente no se da por aludido. Ni siquiera mueve una ceja. Pero están preocupados.
No es para menos. España es el país de Europa que peor está emergiendo de la crisis pandémica que, por otra parte, aún no ha terminado, como se está viendo. Nos encontramos en el furgón de cola de la UE desde que el PSOE volvió al Gobierno. Y, pese a los fondos europeos, de destino ignoto, no hay visos de recuperación, todo lo contrario. Los indicadores de instituciones y organismos de todo tipo, nacionales y foráneos, aventuran un horizonte negro. Muy negro. El Banco de España acaba de rebajar dos puntos los anuncios de crecimiento aireados por el Ministerio de Economía. De ahí el desasosiego de Calviño, tan agresiva, tan crispada, tan fuera de sí. La vicepresidenta económica también padece los empujones de Yolanda Díaz, una ambiciosa sin contemplaciones, amén de  su homóloga al frente de la cartera de Trabajo y firme competidora en las políticas económicas del Ejecutivo.
La pandemia resucita, la economía se enturbia, Sánchez saca pecho, no se sabe a causa de qué, y Calviño se desfoga arremetiendo con el líder de la oposición que lo único que hace es cumplir con su obligación de fiscalizar la labor del Gobierno. Que para eso está.
Estas navidades van a ser muy negras para el Ejecutivo. Lo peor, sin embargo, vendrá en enero. Y se prolongará durante todo el año. Un escenario difícil de afrontar y, posiblemente, de superar. Este Gobierno demuestra cada día que no está a la altura.