Necesidad con dignidad

Ana Martínez
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El economato de Cáritas Diocesana cumple cinco años como un supermercado de bajo coste por el que ya pasaron unas 2.000 familias que, pese a su débil economía, pueden realizar su compra y pagar por lo adquirido

Los productos están marcados con el precio final que paga el consumidor, que hace cálculos con el móvil. - Foto: Rubén Serrallé

«Me permite el acceso a productos que de otra forma no podría comprar y me garantiza alimentos para dos semanas». Isabel lleva un año cogiendo el carro de la compra desde su casa de las Carretas hasta Pedro Lamata. Empleada en el sector de la limpieza y del hogar, la crisis arrasó con su puesto de trabajo. Cobra una prestación de 400 euros mensuales con los que tiene que apañarse junto a su marido y su hija. En el economato que Cáritas Diocesana abrió hace ya cinco años puede comprar -y pagar- alimentos cárnicos, pescado y verduras que no podría consumir con la mencionada renta básica.
Cada martes, el economato de Cáritas abre sus puertas a todas aquellas familias y personas que no llegan a fin de mes. Isabel coge el carro del supermercado y recorre las estanterías con la lista de la compra: «Apunto lo que me falta porque el dinero está ajustado y así tengo en la despensa lo que verdaderamente necesitamos». Esta es parte de la filosofía del economato de Cáritas, la formación y la educación: «Cuando una persona va a comprar, previamente tiene que pensar qué necesita, organizar su despensa y sus menús; aquí es igual», explica Rosa García, directora de Cáritas Albacete, para quien este economato «dignifica» a la persona.
Desde su apertura, esta organización eclesiástica ha concebido el economato como un supermercado o tienda de barrio ordinario. En sus estanterías se reponen todas las semanas, gracias a un equipo de 20 voluntarios, más de 280 referencias entre productos de primera necesidad y algún otro no tan vital como embutidos, chocolates y dulces a los que también tienen derecho las personas más vulnerables.

Desde su apertura, esta organización eclesiástica ha concebido el economato como un supermercado o tienda de barrio ordinario. En sus estanterías se reponen todas las semanas, gracias a un equipo de 20 voluntarios, más de 280 referencias entre productos de primera necesidad y algún otro no tan vital como embutidos, chocolates y dulces a los que también tienen derecho las personas más vulnerables.
 

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