Un 0,5% de albacetenses registran sus últimas voluntades

Ana Martínez
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Un 0,5% de albacetenses registran sus últimas voluntades

El testamento vital es la única herramienta legal con la que dejar por escrito el tratamiento médico y los cuidados que se quieren recibir cuando se pierde la capacidad de decidir por uno mismo

Su debate es inestable. Solo cuando se producen casos como el de María José Carrasco y Ángel Hernández, vuelve a la actualidad mediática y a la agenda política. La muerte asistida o eutanasia activa está legalizada en Holanda, Bélgica y Luxemburgo, aunque hay otras regulaciones repartidas por el mundo, con menor o mayor intensidad, respecto al derecho a morir dignamente.
Como bien se sabe, la eutanasia no solo está prohibida en España, sino que está considerada delito y conlleva diferentes penas de prisión en función de la participación de la persona que auxilia, realiza o apoya el suicidio asistido.
Desde el año 2006, Albacete -como el resto de capitales de Castilla-La Mancha- cuenta con un Registro de Voluntades Anticipadas que se extendió dos años después a todos los hospitales de la región, en nuestro caso, a Hellín, Villarrobledo y Almansa. Desde entonces y con las bajas lógicas tras los fallecimientos y alguna que otra revocación residual, el Registro cuenta a nivel provincial con 1.960 documentos de instrucciones previas, 1.222 de ellos presentados ante la dirección provincial de Sanidad de Albacete. 
Estos datos certifican que apenas un 0,5% de albacetenses -un porcentaje que baja al 0,3% en Castilla-La Mancha-, han dejado por escrito el tratamiento médico y los cuidados sanitarios que quieren recibir, o no, en el momento en el que pierdan la capacidad de decidir por sí mismos. Una cifra muy baja a pesar de que el testamento vital es, hoy por hoy, la única herramienta que hay en España para rubricar qué atención sanitaria se quiere recibir y cuál no en los últimos días de nuestra vida.
Para Katia del Pozo Puente, funcionaria a cargo del Registro de Voluntades Anticipadas de Albacete capital, esta baja inscripción obedece al desconocimiento general que hay en la sociedad sobre esta alternativa, lo que origina que un buen número de ciudadanos, convencidos de que quieren dejar por escrito cómo caminar hacia la muerte, «no saben que existe este documento, desconocen que todo eso que ellos desean se puede recoger por escrito y registrarlo».

 

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